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Puerto PrÃncipe.- Antes del devastador terremoto en Haità en enero de 2010, docenas de estilistas independientes trenzaban cabellos de colores en el mercado Iron Market de la capital, en lo que era una estructura de acero que soportaba el circuito mercantil de Puerto PrÃncipe.
Pero el terremoto dañó el tradicional Iron Market y los estilistas tuvieron que mudar sus actividades a las calles, donde retomaron sus negocios no mucho tiempo después de que el desastre golpeó a la isla. El Iron Market ha reabierto sus puertas, pero aparentemente no hay lugar para los estilistas, que permanecen en las polvorosas calles de la capital.
Una mujer corta el cabello en un salón construido con cajas de cartón y madera descompuesta, los brazos de su clienta descansan a centÃmetros de una pala de madera. No muy lejos de ahÃ, otra mujer se pone extensiones de cabello parada en una pila de escombros, a lo largo casas y tiendas aún en ruinas dos años y medio después del terremoto.
Aparadores de frágil madera muestran una amplia selección de pelucas que pueden costar hasta 75 dólares, un elevado precio en un paÃs pobre, donde la mayorÃa de la población sobrevive con dos dólares diarios.
Los estilistas no son los únicos que han terminado en las calles de Puerto PrÃncipe. El desastre destruyó miles de edificios y durante un tiempo, más de millón y medio de personas vivieron en austeros campamentos esparcidos a lo largo de la ciudad. Ese número ha ido decreciendo hasta llegar a cerca de 390 mil personas mientras la nación se recupera lentamente.
Estilistas como Cigarre Wanuese, de 28 años, tÃpicamente inician sus labores a las seis de la mañana, trenzando cabellos hasta el anochecer en las banquetas, mientras rÃos de automóviles y coloridos microbuses conocidos como tap-taps retumban las calles. Su presencia en el centro le ahorra a sus clientes el largo y relativamente costoso viaje a las zonas altas y ricas, donde es más fácil encontrar un salón de belleza establecido.
LFG
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