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La muerte duele menos con café

En Easley, un pequeño poblado de Carolina del Sur, EU, existe una funeraria que va a instalar un Starbucks en su interior

 

Morirse es un acto lleno de solemnidad. El corazón se detiene. La llama de la vida se apaga. El cuerpo, agotado, encuentra su descanso final. Aunque los rituales que acompañan a la muerte cambian con las tradiciones, la cultura, las religiones y las épocas, la pena que embarga a los familiares y amigos tiene siempre rasgos comunes. Las madres lloran a sus hijos, los huérfanos lloran a sus padres, hay un vacío que se extiende en el pecho y los muertos vuelven a ser el ombligo de los círculos concéntricos que conforman la sociedad. Por eso en los funerales se reconocen los rostros, llegan los amigos del pasado, los abrazos se multiplican, fluyen las conversaciones sobre las virtudes del muerto y el dolor de la pérdida se comparte con el fin de mitigarlo, aunque sabemos que en el fondo todo resulta en vano.

También sabemos que los costos de la muerte son una especie de dolor agregado. Cada factura fúnebre es un incremento en el monto de la deuda. Hay que cubrir los gastos del hospital, la funeraria, los trámites burocráticos, el entierro en el panteón o las cenizas del muerto. Cuando se solicita, los sacerdotes llegan también por su rebanada de limosna. O los mariachis y la banda del pueblo.

En un sistema capitalista como el nuestro, los gastos que hay que pagar por morirse son aceptados por todos. Pero… ¿qué sucede cuando una empresa trata de aprovechar el pesar de los deudos para imponer con su simple presencia la lógica implacable de las ganancias?

Eso es precisamente lo que está sucediendo en Easley —un pequeño poblado de Carolina del Sur, en Estados Unidos—, donde una funeraria respetada por todo el pueblo, con una tradición de varias generaciones, tiene la intención de meter un Starbucks en el interior de sus instalaciones.

El dueño de la funeraria se llama Chris Robinson, y dijo recientemente a la cadena ABC que su propósito está muy lejos de incomodar a los deudos. “Al contrario—dijo con el gesto amable—, lo que busco es que se sientan más cómodos para aliviar su dolor”.

En aras de la discreción y el silencio que siempre reclama el momento de la muerte, Starbucks no será, como el resto de sus locales, un lugar llamativo. No habrá música en su interior. No tendrá el logotipo de la sirena verde, reconocido por todos sus clientes. Se encontrará separado de la capilla por un muro con dos entradas, y el único detalle reconocible de la empresa será que su personal llevará los delantales verdes y el uniforme típico de la firma.

Eso sí, en el interior del local habrá una chimenea para el frío, y los deudos podrán mitigar sus penas con sorbos de Caramel Macchiato, un Frappuccino o Té Chai Latte. También habrá Wi-Fi, y cualquiera podrá conectarse a Internet para escapar hacia los laberintos inextricables del mundo virtual, donde la muerte no existe.

Y para todo aquél que pase por fuera de la funeraria y quiera un café de Starbucks antes de llegar al trabajo, el local tendrá también una puerta a la calle, para que cualquiera pueda ingresar a esta nueva versión de la ubicuidad de la empresa, donde los cadáveres forman parte contigua del mobiliario, y el café se puede endulzar con el llanto de los vecinos.


62

años respaldan a la funeraria

200

personas caben en sus salas.

Chris Robinson Dueño de la funeraria

“Siempre hemos servido café a nuestras familias. Así que, como parte de esta nueva incorporación, en el que estamos agregando un nuevo vestíbulo, oficinas, baños nuevos arreglos nuevos, hemos decidido incorporar un área separada para las personas que quieran café”

 



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fecha 21 de julio de 2012 00:34
ultima modificacion Ultima modificación: 00:33
autor Por: Mario Guillermo Huacuja / mghuacuja@prodigy.net.mx
 
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