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Oliver Sacks ¦ “Arreglar mis cuentas con el mundo”

Hace algunas semanas, La Otra Aventura, el programa de libros de Proyecto 40, fue dedicado a Oliver Sacks. La zona científica fue el tema de la doctora Fernanda Pérez Gay J., la zona literaria estuvo a cargo de Rafael Pérez Gay. Éste es el guión editado, que revisa las etapas distintivas —casos, diagnósticos, ensayos clínicos y desde luego libros— en el trayecto del neurólogo británico.

 

Uno

Nacido en Londres en 1933, Oliver Sacks se graduó como médico de la Universidad de Oxford y se entrenó como neurólogo en el hospital Mount Zion de San Francisco. Tras la experiencia que inspiró Despertares, el joven Sacks empezó a explorar a través de la narrativa los mundos de los pacientes neurológicos. A través del dolor de la enfermedad, Sacks convirtió sus casos clínicos en historias que rayan en el realismo mágico, retratos conmovedores de la realidad humana, espejos de la vida de todos nosotros, un recuerdo de nuestra fragilidad y de la incapacidad de la ciencia más avanzada frente al misterio de la enfermedad indescifrable.

En 1968, el neuropsicólogo ruso Alexander Luria publicó “La mente de un mnemonista”: el relato de la vida de S., un hombre con una memoria prodigiosa que sin embargo lo anulaba para la actividad cotidiana, la versión desde la vida real del ficticio “Funes el Memorioso”, imaginado por Jorge Luis Borges. Al sobreponer los análisis neuropsicológicos con los detalles de la biografía de su paciente, Alexander Luria tejió un relato sobre la mente humana. En la misma línea, Oliver Sacks publicó en 1985 El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Anagrama, sello que ha traducido los libros de Oliver Sacks), en donde veinte personajes como S., el paciente de Luria, nos muestran el lado fantástico de la condición humana con la excentricidad de sus padecimientos. A este libro le sigue, con relatos similares, Un antropólogo en Marte, que describe y explora un poco más a profundidad las condiciones de la vida de otros siete enfermos.

Los pacientes de Sacks tienen algo en común: padecen síntomas de enfermedades neurológicas y psiquiátricas que transforman su vida y sus formas de ver el mundo: autismo, esquizofrenia, accidentes que les arrebatan capacidades que parecen sutiles pero que transforman su vida una vez perdidas: ceguera para el color, incapacidad para reconocer los rostros, ataques epilépticos que se transforman en una rememoración vívida del pasado, son sólo algunas de las postales de la mente que encontraremos en los libros apasionantes de Sacks.

¿Alguna vez le ha pasado que una melodía se cuela en su monólogo interno y comienza a repetirse incansablemente durante el día, llegando incluso a atormentarlo? En su libro Musicofilia, Oliver Sacks les llama gusanos musicales. En este libro, publicado en 2008, el médico revela su lado melómano y nos comparte los casos de pacientes cuya enfermedad neurológica se ha manifestado a través de la música.

El primer relato nos atrapa con una historia increíble: un cirujano ortopedista que jamás ha tenido interés por la música es alcanzado por un rayo y sufre una descarga eléctrica que le hace perder la conciencia. A salvo de los daños físicos causados por la electricidad, despierta sin manifestar síntomas psicológicos después del accidente. Convencido de una especie de milagro, regresa a su vida normal tras unas semanas. Sin notar ningún cambio, de pronto el cirujano experimenta unas ganas inexplicables de bajar a escuchar el sonido del viejo piano de cola de su abuela, que tiene abandonado en el sótano de la casa. Lo cautiva un súbito interés por el piano, comienza a estudiar música por su cuenta, a practicar todos los días, y convierte a la música en su interés central, por encima incluso de la práctica quirúrgica. Unos años después, el cirujano toca en algunos recitales en el pueblo donde vive. El único cambio en su vida tras ser alcanzado por un rayo es el surgimiento de una pasión inexplicable por la música.

Dos

Robert De Niro en silla de ruedas, en el papel de un paciente paralizado en un hospital neurológico. Robin Williams, un neurólogo joven que se empeña en defender la humanidad y la posible recuperación de un grupo de pacientes que han quedado súbitamente paralizados, víctimas de una extraña enfermedad conocida ahora como encefalitis letárgica. La idea del joven médico de que la enfermedad puede ser una forma avanzada de Parkinson, lo lleva a probar en sus pacientes la “l-dopa”, un medicamento que devuelve momentáneamente la movilidad y conciencia a estos pacientes, luego de meses o incluso años de inmovilidad. Se trata de la película Despertares, que llevó a la pantalla el libro del mismo nombre, un relato autobiográfico de Oliver Sacks.

El médico, interpretado por Robin Williams, es en realidad el propio Sacks, en el hospital comunitario del Bronx en el que realizó sus primeras prácticas como neurólogo en su juventud, en 1966. El libro es un paseo conmovedor por la condición humana en sí misma. La salud y la enfermedad, la vida y la muerte, la sensibilidad y el sufrimiento: Despertares es un ejemplo perfecto de la vida y la obra de Sacks, un verdadero médico humanista con un talento notable para la narrativa y para explorar, en sus pacientes y a través de sus terribles enfermedades, cada resquicio de la humanidad.

Tres

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero toma el título del primer relato, que describe al Dr. P., un hombre que padece de agnosia visual. A pesar de tener una agudeza visual perfecta, el Dr. P. pierde la capacidad para identificar los objetos y personas que ve a través de sus ojos, a tal punto que llega a confundir a su mujer con un objeto inanimado: un perchero de donde podría estar colgado su sombrero.

La agnosia se define como la incapacidad para identificar objetos. Este síntoma neurológico, que puede suceder tras un infarto cerebral o a causa de algunas enfermedades neurodegenerativas, representa la imposibilidad de reconocer aquello que vemos, escuchamos o sentimos a pesar de haberlo experimentado antes.

Un ejemplo de este fenómeno lleva por nombre prosopagnosia, que es la incapacidad para reconocer un rostro. El prosopagnósico verá dos ojos, una boca, cejas, una nariz. Mirará la distancia entre ellos, su disposición, pero será incapaz de integrar un rostro unitario que asocie a una persona en particular. En un artículo publicado en The New York Times, periódico del que Sacks fue colaborador durante años, confiesa su propia incapacidad para reconocer los rostros. Al parecer, la prosopagnosia no es tan poco común como parece, ni obedece siempre a un tumor o infarto cerebral: mucha gente tiene versiones más leves de la incapacidad visual del Dr. P. para reconocer a su mujer, hasta confundirla con un sombrero.

Curiosamente, el primer libro de Sacks no contenía casos clínicos específicos. Se trató de un magnífico ensayo literario sobre la migraña. A través de la experiencia propia y con su estilo autobiográfico, Sacks explora el complejo e inexplicado mundo de ese dolor de cabeza que parte en dos a quienes lo padecen. En esta misma línea de ensayo soportado en relatos sin ficción, Oliver Sacks ha escrito también Veo una voz, viaje al mundo de los sordos, donde se pregunta cómo perciben el mundo quienes han perdido ese sentido a través del cual adquirimos de manera natural el lenguaje.

En fechas recientes se publicó también Alucinaciones, una antología de ensayos sobre el mundo de la “percepción sin objeto”, como definió el psiquiatra Esquirol en 1837 a estas experiencias en que nuestra mente proyecta sus creaciones al mundo exterior.

Cuatro

Cuando se enteró que el melanoma ocular que le diagnosticaron hace nueve años había hecho metástasis en el hígado, Oliver Sacks se despidió con un artículo en The New York Times cuya versión en español fue publicada en el diario El País:

En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.

Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.

Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacerme el tonto).

De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el noticiero de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.

No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.

Después de Sacks, la enfermedad y la muerte han transformado el mundo de la literatura.

 
 
 

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fecha 5 de septiembre de 2015 00:13
ultima modificacion Ultima modificación: 19:41
autor Por: Fernanda Pérez Gay J. / Rafael Pérez Gay
 
 
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