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García Lorca planeaba visitar México antes de ser fusilado

Asistiría a representaciones de sus obras en el Palacio de Bellas Artes; su ejecución suscitó condenas de escritores y artistas, además de un homenaje

 

En agosto de 1936, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca fue fusilado en su natal Granada, días antes del inicio de la Guerra Civil española. Han pasado 80 años: incógnitas clave de lo que ocurrió siguen sin resolverse.

No hay certeza del día en que se cometió el asesinato: investigaciones se debaten entre el 17, 18 y 19 de agosto de 1936. Las razones del fusilamiento son inciertas: hay quienes hablan de que fue por “rojo” y “maricón” y quienes lo atribuyen a una venganza por viejas rencillas familiares. La ubicación de los restos tampoco ha sido determinada; de hecho, en septiembre próximo se retomarán los trabajos para localizar la fosa, tras dos intentos fallidos.

Lo que sí se sabes es de que el poeta español planeaba visitar por primera vez México poco antes de ser ejecutado. En abril de 1936 habría recibido una invitación a nombre del rector de la Universidad Nacional de México, Luis Chico Goerne, a dar conferencias sobre teatro y poesía modernos. La noticia de la invitación fue consignada por El Universal Gráfico el 16 de abril de 1936.

La representación de obras de su autoría en el Palacio de Bellas Artes, en una temporada que duró más de tres meses, del 18 de abril al 31 de agosto de ese año, fue un motivo más para pedir que viajara.

Lo anterior lo cuenta el investigador argentino Luis Mario Schneider en García Lorca y México, donde detalla que las funciones corrían a cargo de la compañía Margarita Xirgu y eran dirigidas por Cipriano Rivas Cherif. También agrega que el repertorio incluía: Yerma, Bodas de sangre y La zapatera prodigiosa, entre otras.

El poeta granadino habría aceptado viajar al país: “Según su biógrafo Ian Gibson, Lorca tenía ya en su bolsillo un pasaje para tomar el barco a México unos días antes de ser arrestado; al ultimo momento se echó para atrás y canceló el viaje”, comenta a La Razón, James Valender, investigador de El Colegio de México, especialista en literatura del exilio español.

Cuenta que Lorca también hizo amistades con intelectuales y escritores mexicanos: Alfonso Reyes, Jaime Torres Bodet, Antonieta Rivas Mercado y Salvador Novo.

Con Rivas Mercado, cuenta, compartían el interés por el teatro y se sabe que fueron a funciones juntos en Nueva York.

Fueron esas representaciones en Bellas Artes y unas anteriores lo que empieza a colocar a Lorca en el ambiente mexicano, de acuerdo con Schneider. Pero lo que realmente lo da a conocer, asegura, es su asesinato: “no existe periódico ni revista que no recoja la noticia”.

¿Por qué a 80 años de su fusilamiento lo seguimos recordando? Por su grandeza, asegura el poeta y crítico literario Juan Domingo Argüelles: “García Lorca es un poeta mayor, uno de los más grandes de nuestro idioma. Su mayor aportación es haber conseguido que lo popular se integrara a lo culto de una manera extraordinaria”.


El poeta llega a Santiago

Federico amó los aires gitanos de esa Cuba de horizonte arqueado que encontramos en los boleros, los sones y las guarachas. Suena la clave del guaguancó: el hijo de Fuentes Vaqueros baila, nacen palabras: ventoleras andaluzas sobre la atardecida de lirio caliente y brisa en las espaldas de los cien jinetes enlutados de sus ojos. Melaza en la piel de Dios. Canto rociando el enigma del mundo. Federico cabalga con las mejillas coloreadas de barro y pulpa de zapote en los labios. Teje la humedad con quebradizas ramas de cilantros. Albahaca y pan en la bruma del sueño. Estancia habanera: “el más gozoso deslumbramiento”, le confiesa a doña Vicenta Lorca. “Mi hijo habla con un entusiasmo tan grande de Cuba que yo creo que le gusta más que su tierra”. No hay diferencia entre lo criollo antillano y lo andaluz. Pero Santiago de Cuba retumba con sus sones untados de pulpa de guanábana. “Cuando llegue la luna llena, / iré a Santiago de Cuba, / iré a Santiago / en un coche de aguas negras”. Llega a la ciudad escoltada por los filos de la sierra y humedecida por un mar garzo de fosforescencia de peces sosegados. “¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas! / Iré a Santiago”. Cirios de yerbas en los ojos. Los embarcaderos con el aroma del carburante de las barcazas de pescadores negros con dibujos de magnolias en el pecho. “Aquí frente al agua en extremo desnuda / busco mi libertad, mi amor humano”. Lorca fue testigo del “mar ahogado en la arena”. En un tramo del Camino de Víznar a Alfacar, donde lo ejecutaron, quiso dibujar la almendra que masticó una tarde en La Habana.

Carlos olivares Baró


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fecha 18 de agosto de 2016 01:10
ultima modificacion Ultima modificación: 23:45
autor Por: Alejandra Ojendi / alejandra.ojendi@razon.com.mx
 
 
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