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Lenguaje y tradición en la poesía de Albert Ràfols- Casamada
 

Phomme powrsuit noir sur blanc

Mallarmé

La búsqueda estética de Albert Ràfols-Casamada (Barcelona, España, 1923-2009) ha sido radical y deslumbrante; esto lo ha llevado a lograr la consolidación de un lenguaje pictórico universal, y una figura clave, como pintor e intelectual, no sólo para entender el arte español de la segunda mitad del siglo XX, sino de Europa. En su obra hay armonía y equilibrio en tensión en la tradición de Matisse, Braque y Torres García sin olvidar el elemento mediterráneo, un artista clásico. El mismo Ràfols reconoce las resonancias de la tradición clasicista mediterránea que heredó una infancia influida por el noucentisme que defendía Eugenio d’Ors. Pero el de Ràfols es un clasicismo en tensión en el que se pueden rastrear las grandes vanguardias del siglo, pasando por la poética íntima de Sunyer hasta el expresionismo abstracto americano o el espacialismo eurupeo. Su aventura siempre lo lleva más allá de sus propios límites. En su pintura de densas superficies y poéticos movimientos se propone una estética que se transforma y cambia constantemente; su proceso es global, no de simples experimentos. Otro elemento definitivo en su obra es la desmesura de trazos, líneas, superficies. El fundamento de esta actitud es la idea de renovar. Innovar es ritmo, límite es mesura y ambos son la prefiguración de un lenguaje.

Objetuales como botones e interruptores de luz.

Paralelo a su actividad como pintor, Ràfols- Casamada creó a lo largo de más de setenta años un universo artístico impresionante. Tan sorprendente su pintura, que lo ha llevado a ser considerado uno de los más grandes pintores líricos abstractos de la segunda mitad del siglo XX, es su poesía y el resto de su escritura. Que abarca del ensayo, los textos teóricos, las reflexiones y pensamientos que constituyen una parte importante de sus Dietarios, o memorias de toda una vida. A ello, hay que añadir su labor pedagógica y el magisterio artístico que ejerció desde 1967, fecha de fundación en Barcelona de la escuela de diseño EINA. Todas estas vertientes son diversas, que nacieron de un mismo espíritu: “ La función del arte es dar cuerpo a ese espíritu, para que todo a su alrededor se vuelva luz”.

Sin duda, Ràfols- Casamada es un pintor reconocido, no sólo en Europa, sino también en América Latina y Estados Unidos; pero cuando en 1976, con más de cincuenta años, dio a conocer su libro Signo del aire. Obra poética 1968-1976, que reunía su deslumbrante poesía hasta la fecha, fue un eje vertebrador en su trayectoria. Junto a su madurez como pintor y plenitud de su mundo pictórico, descubrimos casi de sorpresa, como apunta Narcís Comadira, la existencia de “ un enorme pintor” y de “ un auténtico poeta”, que hacía de la escritura parte de su voluntad creativa, exponiendo así su espíritu y su creatividad.

Una poesía que reveló a Ràfols como un poeta ya decidido a desbrozar (lo que realmente logró) los caminos por los que aquella estética “romántica y simbólica”, en su sentido más estricto – regida por el designio extremoso de realismo y comunicación. Reconocerlo así, de entrada, es un acto de justicia que debemos a la importancia histórica de un trabajo creador, el de Ràfols en continuo proceso de enriquecimiento artístico y densidad expresiva.

Poesía y pintura decía Ràfols van en un mismo cruce de caminos, nacen de la misma mirada y de la misma luz. Prueba de la consistencia unitaria de la expresión poética de Casamada es que la siguiente publicación de su obra completa - Signo del aire. Obra poética 1939-1999 ( Editorial Proa, 2000)-, al mantener el mismo título, ponía en claro la naturaleza única y propia de su materialidad. De estas más de mil páginas llenas de texturas y colores, de asunciones temporales que sorprenden por su espesor lingüístico, por su voluntad poética y visual.

Territori de temps (1979), Episodi (1981),Angle de Ilum (1984) El color de les pedres (1989), El passeig del poeta (1991), Poligromía o la galería del miralls (1999) o Espiral del temps (2003), confirman la extraordinaria relevancia de una poesía que desde 1939 hasta 2007, fue creciendo y madurando en su propio discurso estético. De entre muchas de sus imágenes y símbolos, quizá sea el de la ventana, que aparece constante desde sus poemas, sea un ejemplo claro de esa pasión por los “instantes rendidos” y su “ espacio de luz”, por momentos y lugares del día llenos de sombras e iluminaciones creando en el aire. Ese espacio representado por los límites de una mirada enseña lo que tiene lugar tanto fuera como en nuestro interior: “ Se despliega el paisaje/ ante el mirar callado/ que impasible observa”. La puntuación, mejor dicho, su ausencia, los espacios en blanco y la elipsis, sirven para dotar de una significación total y contundente en su lenguaje. El poema fluye, la expresión se yuxtapone desgranando matices, retazos y momentos: ”Lento goteo de palabras/ signos flotando en el aire de este día/ cuando los cuerpos impasiblemente/ se reflejan el uno en el otro”.

El lector debe acercarse a la meditación ligada al tiempo y los colores, que recogen los intensos poemas de su libro Policromía o la galería del miralls, que como en el resto de su obra son fruto de un pensamiento y un discurso planamente poéticos, de gestos precisos y evocadores. La luz dentro y la luz fuera, su signo del aire, su “misterioso rumor/ de seres y de hojas”, según nos dice en uno de sus poemas. Este breve volumen titulado Territorio del tiempo. Antología poética (1976- 2007), nos permite conocer una profunda aventura poética, acceder a una voz brillante y de radical coherencia, a su medida del instante, a la sabia totalidad en que confluyen la forma y el pensamiento, a las sensaciones de lo cotidiano de las que da cuenta una poesía de expresión sustantiva. La conciencia del tiempo se erige en centro temático y obsesivo de su mundo poético, motivación que ha ido ganando en su obra un ahondamiento y un enriquecimiento progresivo, tanto de matices como de modalidades y complejidades expresivas. Ràfols- Casamada fue y será uno de los creadores más completos del siglo XX, poéticamente ligado a la epifanía de la poesía catalana más alta y rica que encontramos en Salvat – Papasseit y María Manent; al espacio imaginario de Mallarmé, Aleixandre, Neruda y Ungaretti.

Ràfols fue un artista fascinado por el lenguaje, y junto a esa actividad coherente y profunda, la proyección de su ejemplo es innegable, a través de su constante actividad pedagógica, que es patente en las nuevas generaciones de artistas, no sólo de España, sino también en Francia y América Latina que se ve reflejada en sus participaciones en diversas bienales de arte, como la Sao Paulo, Brasil, 1957 y 1958; en la Bienal de la Habana, Cuba, 1953 y 1955; en los múltiples homenajes que se le hicieron en México, Francia y España por sus 80 años, o los constantes nombramientos en Francia: Chevalier de I’ Ordre des Arts et des Lettres, Offcier de I’ Ordre des Arts et des Lettres o el doctor honoris causa de la Universidad de Lyon; sus participaciones en las principales Bienales de arte europeas: en las XXIX, XXXI, Bienal de Venecia; III Bienal de Alejandría de 1959, en las múltiples ferias de arte de Basel, FIAC, ARCO, entre muchos otros espacios. El arte de Ràfols-Casamada dice sin decir o, más bien, es una visión de la realidad, de esa realidad a la que los impresionistas llamaron sensación. Música que engendra la batalla constante entre forma y espacio, entre trazo y color, entre materia y línea. El mundo de Casamada es un equilibrio, un poema interminable, un momento de convergencia. ¿Idealismo, realismo? Metáfora de ambos. Signos y enigmas que se enfrentan, que discurren en su pintura y que encuentran voz en la escritura invisible del espacio, y éste encuentra sentido en la forma. La poesía es un signo de la forma. Al observar retrospectivamente la obra de Ràfols-Casamada también descubro que es, como la poesía, un signo no sólo de la forma, sino del espacio; cada una dice secretos, traduce signos. Ver sus óleos es atravesar el horizonte de la mirada, una inquisición pictórica que nos mantiene en expectativa y al mismo tiempo nos sostiene, nos descubre nuestro propio universo. Su discreción ha encubierto, no sólo el reconocimiento, sino también la atención que merece su poesía, que surgida de una necesidad creativa. Ha mirado todo lo que le rodea, sorprendiéndonos siempre frente a una realidad compleja y oscura: “ El poema es ala y es vuelo/ Instante ardiente sombra y presencia”.

*Prólogo al libro de Albert Ráfols- Casamada Territorio del tiempo. Antología poética 1976- 2007, editado por Editorial Praxis.

 
 
 

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fecha 3 de diciembre de 2016 01:34
ultima modificacion Ultima modificación: 01:33
autor Por: Miguel Ángel Muñoz
 
 
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