Diario La Razón
Viernes 26 de Mayo | 1:58 pm
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Año viejo
 

Estoy sentado a un lado de la concurrida fiesta, los invitados pasan a mi lado sin prestarme atención, sin dedicarme siquiera una ojeada, platican entre ellos, ríen a carcajadas, las copas tintineaban en brindis cargados de deseos dichos, nunca sentidos.

Es mi celebración sin serlo, todos los presentes me han mentido de una forma u otra al inicio del año, me prometieron que cambiarían sus vidas, que se cuidarían, que mejorarían su actitud, que controlarían su carácter pero, nada, todo quedó en promesas que duraron solo una semana para después regresar a su indolencia y apatía acostumbrada. Mientras acomodo mi anciano cuerpo voy pasando una cuerda con doce nudos entre mis dedos, estoy contando entre murmullos que, si alguien se hubiera tomado la molestia de acercarse podría haber escuchado mis palabras cargadas de amargura de las cuales gotean cientos de promesas rotas.

Algunos piensan que el cambio de año es sólo un paso temporal, que es abstracto, que no existe personalidad en ello, que es sólo la rotación de la tierra alrededor del sol y es eso pero, también es más. Cada año, los miles de millones de seres conscientes de este planeta personalizan el cambio de sol y en esa psique compartida, en esa energía dirigida nos materializamos, nos formamos, nacemos impolutos llenos de vibrante optimismo, cargados de promesas nuevas y también, lamentablemente, de una ingenuidad completa. Nuestros primeros días son una delicia, vemos los amaneceres que se llenan de colores y de personas ejercitándose con ánimo de cambio, con la convicción de mejorar, que se sonríen entre ellos al cruzarse y saludan en la hermandad compartida de la palabra dada.

Nuestra existencia tiene la duración del promedio de vida de la población mundial en el momento de nacer y vamos creciendo aceleradamente en nuestro año de existencia hasta llegar a ese límite. Yo nací cuando el promedio era de 71.5 años lo que me llevó a decepcionarme por primera vez a la edad de 6, eso es el tiempo promedio de la promesa hecha, un mes, un escaso mes de convicción, de autoestima, de congruencia y luego, se acabó, se justifican, se posponen, se olvidan de lo prometido, dejan sin valor la palabra dada a la única persona de la cual no pueden esconderse, se traicionan vergonzosamente y ni siquiera les importa. Ese terrible golpe de realidad termina con nuestra ingenuidad, envenena nuestra confianza, arruina nuestra manera de verlos, de vernos.

Conforme el tiempo avanza, vemos como lo desperdician, eso que para nosotros es tan valioso, tan especial y tan limitado, para ustedes es sólo el girar de las manecillas, es sólo "tiempo", no le dan importancia alguna, no lo sienten e intercambian lo importante por lo trivial, lo profundo por lo superficial, se pierden en absurdos placeres efímeros sacrificando lo único que nunca regresará.

Lo que para ustedes es la primavera, para mí significó la mayoría de edad y nuevamente me ilusioné en aquello que veía, en la gloriosa visión de la renovación, de cómo los ciclos se complementan a la perfección. Deambulé entre ustedes creyendo en ustedes pero no, ni ese despertar de la tierra los sacaba de su bruma tecnológica conscientemente elegida, en la que es más importante caminar cabizbajo viendo una pantalla que una danza de aves en el cielo o una mirada a los ojos de un semejante. Nuevamente me decepcioné, no entendía la razón por la que fui creado, no sabía que función tenía en sus caóticas vidas que creían perfectamente organizadas. Sí, a los 18 al igual que ustedes lo fueron, la impulsividad de la juventud, la rebeldía de lo establecido me poseyó y no pude más que mandarlos a un carajo, hacer como que no existían y disfrutar de aquello que ustedes desdeñaban.

Lo que para ustedes fueron sólo dos meses, para mí fue la llegada de la madurez, en julio cumplí 35 y quizá me ablandé un poco al verlos disfrutarse en playas en las que se arrepintieron de no haber cumplido la promesa que me hicieron al nacer al ver sus flácidos cuerpos al descubierto y quizá por ego, pero algunos de ustedes lo intentaron nuevamente aunque su desidia es proverbial, duraron menos que la primera vez. A estas alturas ya no podían decepcionarme, lo único que me generaban era un poco de tristeza y tal vez, algo de empatía pues veían como el tiempo, aunque mucho más lento, también ocasionaba estragos en ustedes.

Al llegar noviembre, yo ya era viejo según sus estándares y al igual que ustedes, esa edad en la que la experiencia nos hace sabios, también nos provoca ciertas dosis de terquedad pues los vemos como son, inexpertos en querer comerse un bocado llamado vida que es mucho más grande de lo que su boca podrá abrirse jamás pero, también la edad nos deja un poco de amargura, una que yo, en mi juventud tomé por decepción y que ahora, al ver como desperdician el tiempo, me dan ganas de insultarlos hasta que recapaciten pero sé que no me ven, ni me oyen, que sus promesas fueron falsas, que el cariño que dicen profesarse, son sólo frases al viento. Hoy estoy aquí, sentado en una celebración que es mía y no lo es pero, aquí estoy viéndolos desde mis ojos cansados como a último momento piensan los propósitos que según ustedes llevarán a cabo en todo un año... ilusos... mentirosos... traidores.

10... Siento un dolor en el pecho. 9... Me cuesta trabajo respirar. 8... Los ojos se me nublan, no quiero morir. 7... Unos minutos más ¡Por favor! 6... Lágrimas escurren por mi ajado rostro. 5... Resignación, fortaleza, fue una buena vida. 4... No veo, no escucho, no siento, mis sentidos están embotados, perdidos. 3... Los perdono, los envidio. 2... No puedo más, el dolor es insoportable. 1... Lo veo, veo como está naciendo, quisiera decirle que no desperdicie el tiempo angustiándose por lo que ellos no cumplirán, que sólo viva y disfrute, que vea cada amanecer y puesta de sol, que sumerja los pies en los ríos fríos y en el cálido mar, que ruede en el pasto y que cuente las estrellas, que no se preocupe, que la vida, por breve que sea, es sagrada, única, especial, deliciosa, valiosa... Trato de gritarlo pero ya no tengo voz, desaparezco para que pueda surgir, lo veo, está lleno de esperanza, de buenos deseos, de una energía gloriosa... es hermoso...

¡FELIZ AÑO NUEVO!

 
 
 

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fecha 31 de diciembre de 2016 01:17
ultima modificacion Ultima modificación: 22:01
autor Por: Raúl Sales
 
 
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Año viejo

Ilustración: Victor Nieto

 
 
 
 
 
 
 
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