Diario La Razón
Domingo 26 de Marzo | 12:56 pm
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HOMO ALTAJ
 

Sabíamos que no descendemos del mono pero que teníamos un ascendiente común, sabíamos que convivimos con otras especies de homínidos como los neandertales, los homo floresiensis y no obstante, solo permaneció el sapiens. Tomando en cuenta que en ese entonces éramos 7 mil millones de seres humanos, digamos que sólo una pizca de la población se interesaba en la evolución, casi nadie se preguntaba el porque sólo quedábamos nosotros mientras que nuestros primos primates, se habían dividido en una diversidad de especies y en nosotros, nuestras diferencias eran tan insignificantes como la tez, altura o color de ojos pero la cruza entre razas no sólo era posible, sino que que a esas alturas de nuestro mestizaje no quedaba raza pura. La selección natural, la supervivencia del más fuerte, etc... el caso es que mientras el australophitecus en sus diferentes "variedades" duraron un millón de años y el homo erectus, contemporáneo de los australo, duró casi dos millones, en comparación fuimos apenas, un suspiro en el tiempo. Con todo lo que sabíamos debimos suponer que la evolución seguiría y sus millones de años no quedarían como una pequeña gráfica y unas cuantas palabras de los libros de texto. La cuestión con la evolución es que pasa tan lento que cuando te das cuenta que perdiste en la lotería de la selección natural es porque ya estás con medio pie en el abismo y una mano en la espalda dispuesto a empujarte. Después de nuestra sobrepoblación, de nuestro abuso de nuestro medio ambiente, de ser los mayores facilitadores de la extinción de especies superados solamente por el meteorito de Chicxulub digamos que cambiamos un poco las reglas, ya no había ninguna especie que compitiera con nuestro dominio, éramos amos y señores de todo el planeta, éramos la planetaria plaga de langostas devorando todo a su paso, sí, también eliminamos a las langostas, y junto con ellas, nos llevamos a casi todas las abejas del globo y las consecuencias en la polinización así que por eso no sepas lo que son las flores, ciertos cereales y seguro que no sabrás por mucho que pueda describírtelo la textura, el color, el olor y el sabor de la miel. No, aún hay, apenas, pero seguro que no lo volveré a ver mientras viva y seguro, para tristeza mía (pues no añorarás lo que no conocerás) tú nunca la verás. A veces me pregunto la razón de escribir esto, como si fuera a importarle a alguien, como si pudiéramos preocuparnos por algo más que no sea el día a día. Claro, no nos preocupamos por comida o vestido, ni siquiera tenemos el estrés de nuestros años dorados que giraban en torno a la posesión de cosas inútiles y el sacrificio de nuestro tiempo a cambio del dinero, ahora no necesitamos el dinero y lo que nos sobra es tiempo, tiempo para reflexionar, tiempo para pensar, para analizar y eso, nos está enloqueciendo. No, no sé porque escribo, quizá sea por la noticia que uno más de nosotros "sapiens" amaneció colgado de la viga de su porche, sin nota, sin disculpa, sin acusación, sin justificación pero, lo verdaderamente macabro, fue la sonrisa que tenía en el rostro. Aún me estremezco, no por el hecho de ver a otro hombre colgado sino porque por un instante lo envidié. Si apareces dentro de unas décadas y llegas a leer esto, quizá no entiendas de lo que hablo pues será normal para ti pero, para que entiendas un poco lo que siento, lo que sentimos, o quizá solo para distraerme y no decirle adiós a este que es/fue nuestro hogar es que te escribo. Esto que hoy ves normal, estas miles de hectáreas que te parecen enormes son solo una reserva, no diré que un tipo de zoológico porque seguro no entenderás el significado (pero te lo escribo para que revises la palabra en los diccionarios de la biblioteca). Somos lo que quedamos de una especie que dominó el planeta y que evolucionó o quizá se escindió, disculpa mi ignorancia, yo no era del pequeño grupo que se interesó en esos temas, yo solo fui un historiador, periodista y padre. Quizá la última actividad es la que me duele más, yo fui un padre como tantos que hubo pero mi hijo fue uno de los primeros que catalogamos como homo altaj, un niño más pequeño de lo que le correspondía según la tabla de medición infantil, un niño más retraído de lo normal pero de una inteligencia que rayaba en lo asombroso y yo, como padre orgulloso, lo gritaba a los cuatro vientos. Nunca esperamos (aunque supusimos) que la evolución fuera sobre nuestra capacidad cognitiva, de nuestro desarrollo cerebral. Hablamos durante décadas de niños índigo, de seres de capacidades superiores, de personas con habilidades mentales que tachamos de superchería pero ahí estaban las señales del ensayo y prueba de la evolución. Aquellos seres humanos extraordinarios no se encontraron nunca a gusto con nosotros, se encerraron en si mismos, los confundimos con autismo, timidez y algunos pocos, aprendieron a disimularlo por el cariño que nos tenían o quizá, ahora que lo pienso, se mimetizaron para poder buscarse sin saberlo y seguir la selección natural. Cuando nos dimos cuenta de que estos homo altaj eran superiores en todo sentido (por eso se les llamó así "homo" - hombre, en latín, "altaj" - superior, en esperanto) en un inicio nos alegramos, nos congratulamos, vimos el futuro de nuestra especie (aún nos considerábamos una) pero fuimos ignorados, fuimos tratados como niños revoltosos por aquellos que eran menos y más jóvenes que nosotros y la envidia y el miedo, emociones, bastante arraigadas dentro de nuestra especie (en ese momento fue cuando nos empezamos a considerarnos otra) tomaron su lugar para que hiciéramos lo que mejor nos salía, matarnos los unos a los otros así como lo habíamos hecho por 20, 000 años sólo que, en esta ocasión nosotros no éramos la especie dominante, sí, nuestro numero era mayor pero así como un solo homo sapiens puede matar cientos de gorilas aunque estos sean más fuertes y grandes, así los homo altaj pudieron habernos acabado pero ni siquiera tuvieron que intentarlo a pesar de que se les bombardeó, incendió, se les lanzaron agentes biológicos, químicos, etc... simplemente nos matábamos en kilometros a la redonda y ellos seguían desapareciendo en el momento previo. En el momento en que se autorizó el uso de armas nucleares, quizá en el loco sentido de que si la tierra no sería de nosotros, menos de ellos, fue cuando tomaron acción y en aproximadamente en 25 minutos, todos lo líderes de países con armamento nuclear, incluso algunos que ni sabíamos tenían, cayeron babeantes junto con todo su gabinete y generales con el cerebro escurriendo por sus fosas nasales y oídos. De 7 mil millones quedamos 2 mil, luego mil quinientos mil, centenares de miles, aquellos agentes biológicos y químicos nos diezmaron, nos finalizaron y luego ellos, apenas una décima parte de nuestra población nos curó sin decir una palabra, sin reprocharnos, sin culparnos. Mi hijo, mi hermoso hijo, mi amado hijo, no puedo decir nada malo de él, vi las lágrimas en sus ojos cuando me dejó aquí, fue la primera y única vez que lo vi llorar, no me abrazó, nunca le gustó el contacto físico, prefería el desafío mental. Sé que me protegió, lo sé porque a petición suya, recorrimos el país y siempre nos fuimos horas antes de cualquier ataque... él decidía siempre cuando partir. Sí, lo extraño, quizá el también en un regusto amargo que no pueda identificar, también lo haga pero sé que nunca regresará. Yo, al igual que tú, estamos condenados a esta bucólica prisión de miles de hectáreas con ríos, montañas, praderas y bosques, hay paz, hay comida, hay techo y vestido, no nos falta nada excepto esa sensación de superioridad que estuvo con nosotros miles de años, esa competitividad que convertimos en arte, ese sabernos dueños de nuestro futuro. La reserva, la prisión, el reducto, llámalo como quieras, sólo deseo que cuando decidas probar los límites, seas uno de los poquísimos afortunados que no sientan la terrible compulsión por regresar, el pánico por cruzar el límite. Ojalá que cruces gracias a tu carga genética y que sirvas a poblar con nuestro mestizaje este planeta en vías de curación y si puedes, por favor, por mí... busca a mi hijo, a mis nietos, a mis bisnietos y diles que no guardo resentimiento ni odio, que la depresión nunca me vencerá, que al fin lo entendí y ya en eso, que te regalen unas gotas de miel para que... toques el paraíso.

 
 
 

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fecha 25 de febrero de 2017 01:08
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