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Fallece Arturo García Bustos, uno de los cuatro “fridos”

A través del muralismo buscó retratar las raíces mexicanas y “hacer pintura del pueblo para el pueblo”; fue inspirado por la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios

 

Considerado un representante de la época dorada del muralismo mexicano, así como un artista comprometido con las luchas humanistas y las ideas libertarias de los pueblos latinoamericanos, Arturo García Bustos murió ayer a los 90 años de edad.

El pintor y grabador nacido en la Ciudad de México el 8 de agosto de 1926, fue discípulo de Frida Kahlo en la escuela La Esmeralda, ahí se integró al grupo “Los Fridos” junto a Arturo Estrada, Guillermo Monrroy y Fanny Rabel. Además fue ayudante de Diego Rivera, ambos artistas fueron determinantes en su obra.

“Recuerdo a Frida como una persona y una artista maravillosa que nos invitó a su casa de Coyoacán a seguir con las clases, porque a causa de una de sus tantas operaciones no podría seguir asistiendo a la escuela. Ella fue mi gran maestra”, confesó en alguna ocasión.

García Bustos aseguró en una entrevista realizada en 2014 que haber sido alumno de Kahlo no le represento ningún problema para su carrera, sino una enorme fortuna, “nunca traté de imitarla, sino de ser heredero de una ideología que siempre mantuvo: pintar las raíces mexicanas y hacer pintura del pueblo para el pueblo”.

Siendo muy joven ingresó al Taller de Gráfica Popular donde participó de las actividades artísticas más importantes del país al lado de Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins, Alfredo Zalce, Ignacio Aguirre entre otros ilustres maestros grabadores.

Su gusto por la pintura y la vocación por el arte le surgió desde muy niño en el ambiente familiar; por la influencia del momento que vivía México y el mundo, así como por el pensamiento progresista de escritores y artistas que se agrupaban en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) que le tocó tener como maestros y posteriormente como sus amigos.

“El muralismo es una expresión profundamente mexicana que buscaba las raíces. Surge luego de un importante movimiento social, como fue la Revolución Mexicana, y este impulso lo recibieron los artistas y crearon una nueva pintura, porque aunque en el mundo prehispánico y colonial ya se había hecho, no tenía la misma pasión para pintar lo mexicano para los mexicanos”, explicó en una entrevista.

De camino a la primaria pasaba todos los días por el edificio de la Secretaría de Educación Pública y fue ahí donde conoció los murales de Diego Rivera y de otros maestros de la disciplina y fue así como descubrió la pasión que lo marcaría de por vida.

A los 10 o 12 años de edad, García Bustos ya pintaba sobre las paredes de su casa con agua y se hacía la ilusión que creaba un mural, “pero bueno, como era con agua, se trataba de murales efímeros. Lo hacía así para que no me regañaran mis hermanos mayores”, señaló el pintor, quien a corta edad se quedó huérfano de madre.

Cuando era adolescente vio como José Clemente Orozco pintaba un mural en la Iglesia de Jesús y un día se atrevió a pedirle que lo dejara subir al andamio para ayudarlo, “no para pintar ni mucho menos, pero sí acercándole los colores, los pinceles. Así empecé en esto”, narró el pintor en una ocasión.

Calificado como uno de los últimos representantes de la Escuela Mexicana de Pintura, García Bustos formó en Guatemala el Taller de Grabado, donde realizó en 1953-54 la serie Testimonios de Guatemala, con gran repercusión en América Latina.

Al triunfo de la Revolución cubana realizó una serie de aguafuertes con ese tema por los que recibió numerosos reconocimientos.

Realizó importantes murales entre los que destacan: Pobladores de las Siete Regiones de Oaxaca, fresco de 50 m2, en el Museo Nacional de Antropología; Oaxaca en la historia y en el mito, de 220 m2, y Cosmogonía de los pueblos indígenas del Estado de Oaxaca, fresco de más de 120 m2, en las escaleras monumental y lateral izquierda del Palacio de Gobierno de Oaxaca.

También fue miembro fundador del Salón de la Plástica Mexicana del INBA donde participó en numerosas exposiciones y recibió la Medalla de Oro del Movimiento de la Paz por sus grabados alusivos a la Revolución de Guatemala.

Entre sus exposiciones individuales y colectivas, destacan la muestra retrospectiva de su obra Gráfica comprometida, en la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, en 1977. La Imagen del México Post Revolucionario, en el Museo Nacional de la Estampa y que posteriormente itineró en el museo de Texas, el Mexic Art Museum de Austin y el Museum of Printing History de Houston en Estados Unidos.

 
 
 

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fecha 8 de abril de 2017 01:18
ultima modificacion Ultima modificación: 23:34
autor Por: Redacción La Razón
 
 
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