Diario La Razón
Miércoles 24 de Mayo | 4:46 am
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Fantasías
 

Fue su mirada cargada de una fuerza gravitacional severa, esa que no importa a dónde voltees, siempre terminas regresando a sus ojos y ahogándote en ellos, que no puedes escaparte y que cuando se cruzan, lo sientes físicamente y te asombra que nadie más note que te perdiste, que aguantas la respiración, que el resto del universo deja de girar mientras ella gira en tu cabeza. Da miedo, mucho miedo, no bajas tus barreras, las derriban a fuerza de miradas, de la sensación de anhelo, de fantasías no expresadas. Y aquí estoy, ido en la vorágine de la electricidad de sus ojos, del roce de manos al azar, de la despedida en la que no volteaste la cara en el ángulo exigido por la cortesía y en que tus ansiosos labios tocaron la comisura de los suyos y la saboreas mientras sientes el fuego que desprende y el indeleble recuerdo que aún permanece horas después y te revuelves entre las sábanas, te levantas, te acuestas, caminas y no, ahí sigue, anclada en tus pensamientos, poseedora de tus fantasías y no sabes si hacer, deshacer o qué diablos hacer. Te preguntas la razón del sentir, crees saber y no sabes nada, ni tu nombre recuerdas, sólo el suyo brilla como letrero de neón en una calle oscura y aquí sigues, y aquí seguirás en una cursilería de la que creíste haber huido hacía mucho pero que te alcanza, te abruma y te llena el estómago de seres alados, que quema todo vestigio de control y la sientes asentarse cómodamente en tus futuros sueños. Dicen que todo tiene un motivo pero no encuentras este, tus emociones tomaron el control de tu mente y desplazaron el raciocinio a un lugar ignoto, solo sientes y si piensas, lo haces en ella. ¡Carajo! Acaso regresé a la adolescencia, como puedo perderme entre fantasías, entre sueños, entre anhelos y fantasías de algo que no sé ni que es o siquiera si es... Es un sinsentido, es una equivocación sin intención, como aferrarme a algo que no está en mis manos controlar, como intentar convencer sino puedo ni convencerme a mí, cómo ponerle orden al caos, cómo irme si no he llegado, como verla sin poder acercarme sin saber si debo hacerlo o como hacerlo. ¿Tan complicado fue siempre? Desperté ¿Fue un sueño? ¿Sucedió? Veo la cama y hay un vacío infinito a mi lado, sacudo mi cabeza, debo estar bien, no puedo seguir así, funcionando al 10% mientras el otro 90 se dedica a ella, a su ausencia, a un querer tenerla y no poder hacerlo, en una tortura diaria que crispa las terminales nerviosas y me deja hipersensible en la difusa línea entre el dolor de no poder tocarla y el placer de imaginarla. Un día más y todo sigue igual, ella ocupa cada resquicio de mi ser, no es normal esta dependencia de la ilusión, de una ficción, de un cuento aún no contado y me hundo en la desesperación de la inexistencia, me abandono al recuerdo de unos ojos y dejo mi realidad en estado de espera mientras la espero, he decidido sumirme en un sueño, ahí la encontraré, ahí quizá podré extender mi mano, tocarla otra vez y quizá mis labios sigan un camino más central y no sea la comisura el destino sino el inicio y no exista final,,, es preferible soñarla a no tenerla, es preferible imaginarla a no verla...

Después de mucho pensarlo decidió mandarle un mensaje, no sabía cómo reaccionaría, había sentido una conexión pero, no estaba segura, quizá su mirada era circunstancial sólo se lo había imaginado, recordó ese adiós y creyó sentir que en su despedida acercó su rostro sin girarlo del todo intencionalmente y sus labios se tocaron, apenas, pero lo hicieron, y su corazón dio un brinco, su estómago se contrajo en un espasmo y fue tan rápido que, a pesar de que lo sentía, no estaba segura de si fue real, quería creer que sí pero ¿y si no lo era? Escribirle y no recibir lo que esperaba sería doloroso, no era frecuente sentirse de esa manera y no obstante, ser ella quien tomara la iniciativa tampoco era lo suyo pero, no había nada que perder, era preferible saberlo, fuera lo que fuera, que quedarse con la duda, así que empezó "Hola..." Pasaron las horas y no recibía respuesta, pasó de la desilusión al castigo, al desengaño a la vergüenza. Quizá sí lo había imaginado...

Sonó el timbre de mensaje mientras encendía la luz de aviso y sonó... Y sonó... hasta que la batería se descargó sobre la mesita de noche sin que nadie le prestara atención. En la cama, perdido en una ensoñación sin fin, yacía un hombre consumido, agotado, perdido en la ilusión surgida de un breve encuentro en el que debido a su ansia, trocó su realidad por una fantasía en la que podía estar a su lado.

Pseudología fantástica severa... fue el diagnóstico.

 
 
 

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fecha 13 de mayo de 2017 00:19
ultima modificacion Ultima modificación: 21:57
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Ilustración: Victor Nieto

 
 
 
 
 
 
 
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