Diario La Razón
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Los fragmentos estéticos de Marisa Boullosa
 
“Escribí el silencio y escribí la noche”

Arthur Rimbaud

Con la exposición Fragmentos de la memoria la artista Marisa Boullosa (DF, 1961) – que se exhibe en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada de la Ciudad de México- recrea a su trabajo a una forma conceptual, a partir de interpretaciones gráficas de “huellas objetuales de la vida”. Es decir, utiliza la fotografía, la gráfica, la memoria y la vida cotidiana para forjar su obra. El núcleo de asociaciones pictóricas entre gráfica y objeto, materia e imagen, hasta desentrañar las cualidades sensibles. Más allá de la imagen, por supuesto, queda el diálogo luz y gráfica. Vestigio y huella. Tiempo y memoria. De hecho, la creación de un universo propio – el arte que sólo se justifica ante sí mismo- contrapuesto al mundo de la realidad factual y cotidiana que habitamos. La inspiración no es más que el resultado de un trabajo racional y constante. En este sentido podríamos decir que Boullosa, es una artista inspirada a la que se le ocurren nuevos temas que le permiten desarrollar formas de hacer y construir cuadros. De formación autodidacta, dotada de una enorme intuición y capacidad de trabajo, Boullosa ha sabido ir trazando un camino propio y con él consolidando unos territorios en el campo de la pintura figurativa. Su manera de producir, por series de obras en torno a un tema, le permiten insistir en aquellas intuiciones plásticas sobre las que quiere investigar y conocer. En la serie de los últimos tres o cuatros años, que titula Migrant, migrante = USA (que comenzó a trabajar en 2003, cuando estuvo en Nueva York, en el Pratt Institute), afianza su pisada en el proceloso y mortecino mundo de la pintura y un tema que le preocupa: la migración de ciudadanos de América Latina a Estados Unidos. La artista se ha arriesgado a caminar por territorios pantanosos, pedregosos o calcinados, lo que le ha permitido atisbar algunas salidas a la situación de estancamiento general que parece sufrir la pintura.

Ciertamente, estas obras parecen situarse en las antípodas mostrándonos, con una cierta distancia, el mundo “otro” y, de esta manera, negar cualquier posibilidad de autoproyección o identificación y, sin embargo, las sensaciones de angustia o terror, provocadas por las ruidosas masas de gentes que desean cruzar las fronteras o por los silientes espacios vacíos impiden que el espectador quede emocionalmente indiferente ante su contemplación. La infinidad espacial, el extrañamiento, la cualidad serial de los elementos, la saturación del color y el gran tamaño de las obras ayudan a configurar un tipo de imágenes que, sin renunciar a una relación directa con la realidad que ilustran, se convierten en auténticos paisajes de sublimidad. Entre sus muestras individuales recientes sobresalen: Pinto, Maroma y Juguete, Museo de la Esquina, San Miguel de Allende, Guanajuato, 2012. Frontera Herida, La Cámara, San Miguel de Allende, Guanajuato, Galería AP, Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, Centro Gómez Morin, Querétaro, 2011-2012. Sobre el Mar, Galería Florencia Riestra, San Miguel de Allende, Guanajuato, 2010. Memorias, Centro de las Artes de San Luis Potosí, México, 2010. Family Album, Lessedra Gallery, Sofia, Bulgaria, 2009. Migrantes, Convento de Santo Domingo, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Boullosa, como otros pintores, muy probablemente no se plantee retos, pero no se ha parado a recoger los primeros éxitos fútiles, copiándose a sí misma, sino que sigue andando por territorios en los que habrá que abrir caminos. Así, juega ahora con la imagen fotográfica, con el objeto encontrado, con la construcción en collage, con los formatos publicitarios, con la ilusión de volumen con el signo y el gesto, con la provocación de las imágenes, y desde luego, con un tema espinoso. Nada de esto es realmente nuevo ni propio, pero sí lo es la manera cómo está elaborando su pintura con estos temas.

Su obra de las últimas dos décadas insiste muy agudamente en la capacidad alegórica y trágica, pero creo que, más interesante que la tragedia, es lo que hay de meramente plástico en esta serie de Boullosa, lo que supone situarse en los bordes del territorio pictórico, ya que parece como si cada serie indicara uno de los puntos cardinales que señala una posible dirección en la que habrá que seguir para abrir nuevos caminos. Decir más con menos parece impensable, nos decía Claude Lévi- Strauss. Escrutar los silencios, descifrar las figuras calladas, las huellas de tantos gestos perdidos es lo que intenta Boullosa en cada una de sus obras. “He hecho un arte a mi manera” decía Odilon Redon, y Boullosa lo parafrasea. En conjunto, lo que nos muestra esta obra última de Marisa Boullosa es el enorme mérito y la sabiduría de una artista capaz de hallar un camino para la pintura allí donde parecía que apenas la había. Una artista sin par, cuya delicadeza formal ha permitido a su obra sobrevivir al implacable juicio del tiempo. ¿Qué otra puede esperar un artista sino ir forjando su propia leyenda?

 
 
 

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fecha 20 de mayo de 2017 00:42
ultima modificacion Ultima modificación: 22:40
autor Por: Miguel Ángel Muñoz / Miguelamunozpalos@prodigy.net.mx
 
 
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