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Beaterías

Fernando Escalante Gonzalbo

 

Era noticia de primera plana en Reforma y en La Jornada : Enrique Peña Nieto estuvo en la FIL de Guadalajara, para presentar su libro, y cuando le preguntaron no supo decir ni qué libro está leyendo, ni qué libros han sido importantes para él. No pudo recordar ningún título, salvo la Biblia, y confundió a Enrique Krauze con Carlos Fuentes.

En los dos periódicos, la nota estaba redactada con rencoroso regocijo, incluyendo largos párrafos de Peña Nieto, tomados al pie de la letra, para que los lectores, desde la cumbre de su cultura, se riesen un rato de la ignorancia del candidato del PRI. Al día siguiente, La Jornada daba primera plana también a Porfirio Muñoz Ledo llamándolo analfabeta. La nota decía que los priistas eludieron ofrecer una explicación.

No entiendo qué importancia pueda tener un resbalón así. No entiendo cómo llega a la primera plana. Me llama la atención, eso sí, la falta de oficio, suya y de sus asesores, que implica ir a la feria del libro y no llevar siquiera una tarjeta con dos o tres títulos, el nombre de media docena de autores. Es un descuido que se antoja resultado de la arrogancia, el descuido de un equipo tan confiado que ni siquiera piensa que tenga que tomar en cuenta el contexto. También, por otra parte, me parece revelador que en la cabeza de Peña Nieto se confundan Krauze y Fuentes. Interesante no por lo que eso pueda decir de él, sino por lo que dice de Krauze y de Fuentes, y de su función en nuestro sistema cultural.

Veamos. Es claro que Enrique Peña Nieto no es un gran lector. No tiene nada de particular. En México apenas un cinco por ciento de la población son lectores habituales. Y a los políticos se les pide, básicamente, que hagan política. Si les gusta leer o no, es asunto suyo, como si les gusta el futbol. El ejercicio, que es ya casi ritual, de ponerlos en ridículo porque no leen me resulta muy desagradable.

En lo de hoy, me molesta todo el episodio: las preguntas, las respuestas, los titulares, la redacción de las notas, todo, y me molesta porque me gusta leer. Y toda esa exhibición alrededor de la lectura me asquea. No me preocupa, ni mucho ni poco ni nada, que los candidatos a la presidencia no sean grandes lectores. Me molesta, en cambio, la beatería que hay en torno a la lectura. Me molesta el exhibicionismo, la pedantería de escritores, y periodistas, y burócratas de la cultura, que hacen de la lectura algo casi heroico, algo gravísimo, que naturalmente los pone a ellos en el centro de la vida pública, porque leen. Me molestan los extraños, vacuos alardes de la publicidad de la FIL: Somos lectores, La fiesta de los lectores.

En el hotel Hilton de Guadalajara, en estos días, cambiaron la clásica tarjeta de No molestar por otra que decía: Lectores descansando. Y seguramente hubo quien la puso en la puerta de su cuarto sin que se le cayera la cara de vergüenza. Es la medida exacta de la pantomima.




 
 
 
 
fecha 6 de diciembre de 2011 02:31
ultima modificacion Ultima modificación: 00:41
autor Por: Fernando Escalante Gonzalbo
 
 
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