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Desde los primeros comicios democráticos para jefe de Gobierno del Distrito Federal, al PRI le ha ido de la patada en la capital de la República.
De la mano de la candidatura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, el Partido de la Revolución Democrática arrebató a los priístas el voto popular, mientras que elección tras elección la clase media de algunas delegaciones y diputaciones le ha apostado a la derecha panista. Los triunfos priistas han sido aislados y excepcionales. El partido que según todas las encuestas podría ganar la presidencia este año es tercera fuerza en la ciudad de México desde el 2000. ¿Qué podría pasar en el 2012? La respuesta en parte la tiene Beatriz Paredes Rangel.
El periódico Reforma publicó la semana pasada que Paredes Rangel va segunda en preferencias electorales para el DF. Según los números de ese diario, Miguel Ángel Mancera tenía al momento del levantamiento de la encuesta 55% de intención de votos, mientras que la priista 30% (cito porcentajes “efectivos” calculados por ese rotativo).
En el cuartel de Enrique Peña Nieto tienen otros números, encuestas que en contra de lo que dice Reforma ponen al candidato presidencial priista empatado, e incluso arriba, de Andrés Manuel López Obrador en la capital (la encuesta de Reforma dice que el tabasqueño aventaja en el DF con 45% de preferencias frente a 35% del mexiquense). Con base en sus números, los priistas están convencidos de que si Beatriz Paredes hiciera una buena campaña, y a ello se sumara un eventual “efecto Peña”, al candidato de las izquierdas Miguel Ángel Mancera se le complicarían las cosas.
Porque para desmayo de Josefina Vázquez Mota, la pugna en una de las entidades con más votos —7 millones— en el país será entre el PRI y la izquierda. En la encuesta de Reforma, Isabel Miranda de Wallace tiene apenas 13% de simpatías. Contrario a lo que ocurrió en las dos anteriores elecciones para jefe de gobierno, Acción Nacional parece condenado al tercer lugar de las preferencias locales, sitio que no conocía desde que cayó ahí en los comicios de 1997 con Carlos Castillo Peraza como su candidato.
A trece días de que comiencen las campañas por la jefatura de Gobierno, Miranda de Wallace es fiel a sí misma, es refractaria. Ya le renunciaron un jefe de campaña y un vocero. Ya le trajeron un coordinador de campaña que es experto en… Coahuila. Ya le llamaron —sin mucho éxito— la atención desde Los Pinos para que busque recursos por sí misma, como cualquier candidato. Y ya demostró que, por más advertencias que tuvo, no entendió que el trato que le daría la prensa sería muy distinto al que como activista llegó a tener. Está condenada a quedarse con la tercera posición.
Beatriz Paredes logró en la pasada elección el 21.59% de los votos capitalinos. Ese año, el PAN tuvo 27.26% de los sufragios, una cantidad que parece inalcanzable para Miranda de Wallace. Si Beatriz quisiera hacer campaña, la pelea en el DF sería de dos, con una previsible ola peñista a favor de la tlaxcalteca. ¿Ganaría? Quién sabe, pero eventualmente podría decir que contribuyó a que el Distrito Federal dejara de ser la entidad donde su partido es tercera fuerza electoral.
salvador.camarena@razon.mx
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