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La alianza AMLO-Josefina ya es de facto. El candidato de izquierda se integró ayer al caballo de batalla del PAN: la campaña “Peña, miente, no cumple”, que revisa el gobierno del candidato priista en el Edomex (2005-11).
Hizo un mitin en Neza donde “debía haber” una estación del Mexibús, y se sumó así a la denuncia del PAN sobre un carril que “debía haber” en un puente de Tlalnepantla.
Y lo hizo al estilo sinuoso que le permitió flotar en la mayoría de las encuestas, y hasta rebasar a Vázquez Mota, como el jueves en GEA-ISA, encuestadora cercana al gobierno: 24.8 contra 23.1.
AMLO reclamó ayer: “Necesitamos unirnos, hagamos una tregua, y ya después de lograr el triunfo para transformar a México, estará permitido pelearse”. Supuestamente se refería a la izquierda, pero fue con una denuncia identificada con la campaña anti Peña del PAN.
Porque es parte de su estilo ambiguo para mantenerse fiel a su República Amorosa y a la vez afirmar, “con todo respeto”, que “Peña encarna la corrupción”, “la TV quiere imponer al próximo Presidente” y “limpiaremos al gobierno de arriba abajo”.
También advirtió que “no hay que ver a los panistas y priistas candidatos por el Edomex como enemigos, ellos están igual de amolados; lo que queremos es justicia, no venganza”. Pero antes comparó al priista mayor con Antonio López de Santa Ana.
“Sería fatal para el país que Peña gane porque eso equivaldría al regreso de Santa Anna después de que por su culpa nos quitaron la mitad de nuestro territorio”, adelantó AMLO, quien no ataca a Vázquez Mota.
La propia candidata panista escribió el 10 de abril en El Universal que México necesita un gobierno de coalición que incluya a todas las fuerzas políticas. Y antes se había referido a “terminar con los gobiernos y con una burocracia partidista de un solo color”.
¿Qué se trata de un salto mortal de AMLO eso de establecer una alianza de facto con el PAN? Sí, pero él es un político puro, para quien lo importante es alcanzar el poder, como admitió ayer: “Después de lograr el triunfo, estará permitido pelearse”.
Sólo que lo desdibuja como candidato identificado con una corriente ideológica marcadamente antipanista, gracias a lo cual recobró fuerza al oponerse a las exitosas coaliciones PAN-PRD en Sinaloa, Oaxaca, Puebla y Guerrero; y parar la que se veía inminente en el Edomex en julio pasado.
Pero AMLO es todo menos un teórico de la política. Es un pragmático, como demuestra la versátil camada que lo acompaña: Manuel Bartlett, a quien la izquierda responsabiliza de “la caída” del sistema en las elecciones de 1988, y Gregorio Greg Sánchez, vinculado al narcotráfico.
Por mencionar sólo dos aliados.
ruben.cortes@razon.com.mx
Twitter: @ruben_cortes
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