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Las propuestas de los candidatos presidenciales en materia educativa son dignas de aplauso, pero chocan con una realidad que ellos soslayan.
Esa realidad estaba ayer en la portada de La Razón: maestros “democráticos” de Guerrero arrojaron cientos de miles de ejemplares de la prueba Enlace, destruidos, en el estacionamiento del Instituto de Educación Básica de Chilpancingo.
Ante eso, ¿qué se puede hacer?
Las mejores intenciones se van a estrellar siempre con el valladar de maestros exaltados que no permiten al Estado evaluar su desempeño y destruyen las pruebas que están destinadas a aplicarse a los alumnos.
¿Alguien sabe cómo se arregla eso?
Cuando el priista Ulises Ruiz intentó desalojar a los maestros de la sección 22 de la plaza que ocupaban en la capital de Oaxaca, los maestros tomaron la ciudad, le incendiaron el palacio de Justicia, tomaron radiodifusoras, el aeropuerto, asaltaron hoteles y hasta muertos hubo.
Por ahí no va el arreglo. Ruiz terminó su sexenio con el estigma de “represor”, solo, retirado de la política.
Su sucesor, el panista-perredista Gabino Cué, tampoco pudo con el problema. Para “solucionarlo”, le acaba de dar a los maestros la facilidad de no ser evaluados, no aplicar la prueba Enlace y que las plazas se sigan asignando por herencia o por dedazo del sindicalizado que se retire.
En Guerrero, el gobernador perredista Ángel Aguirre Rivero también se echó para atrás con la evaluación a maestros, y en cuanto a la prueba Enlace para los estudiantes ya les ofreció a los profesores “democráticos” que fuera voluntaria.
El agradecimiento a su capitulación se vio en el estacionamiento del Instituto de Educación Básica de Chilpancingo: ciento de miles de pruebas destruidas, tiradas en el piso como si se tratara de basura.
¿Computadoras para todos? ¿Universidades digitales? ¿Aulas inteligentes?
¿Incentivos económicos a maestros según resultados?
Todo lo anterior está muy bien, pero no se puede realizar porque hay una oposición salvaje, sí, salvaje, a cualquier innovación de parte de los maestros de Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas.
Paradójicamente, son los estados más pobres del país.
Y estamos hablando de cinco millones de niños y adolescentes que están condenados, por sus maestros, a vivir fuera de las mediciones nacionales e internacionales, sujetos a lo que los profesores “democráticos” les quieran enseñar.
¿Entonces? ¿A qué vamos a jugar en el próximo sexenio?
A más de lo mismo. Por las buenas no entienden. Y por las malas, a quien lo intente, le va a pasar lo que a Ulises Ruiz.
phl@razon.com.mx
Twitter: @phiriart
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