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¡Hasta siempre, Barack!

Valeria López

 

Por razones ideológicas —mi afinidad intelectual con el liberalismo igualitario— y por cuestiones personales —la cercanía con la Universidad de Chicago— pude seguir el día a día de la histórica gestión de Barack Obama.

La primera vez que oí hablar de él fue por referencia de Cass Sunstein, el extraordinario abogado con quien cotilleaba en las mañanas en el pasillo; de manera casual, Sunstein hizo referencia a un profesor visitante de la facultad de leyes en la Universidad de Chicago, que era carismático y articulado pero que, además, tenía un alto perfil político y que defendía los principios del liberalismo igualitario. Fue ahí que empecé a seguirle la pista Obama.

La campaña presidencial del 2008 fue insólita porque, por vez primera, las redes sociales jugaron un papel definitivo en la elección. De ese momento, todo lo recuerdo: el estupor frente a un candidato afroamericano; el discurso liberal; la magia con la que entregaba sus discursos. “Yes, We Can” pasó de ser un eslogan de campaña al motto que muchos asumimos como propio: el hijo de una madre soltera y miembro de una minoría racial se había convertido en el presidente de Estados Unidos de América.

Obama recibió la Casa Blanca en medio de la gran recesión económica que crearon las políticas neoliberales de los republicanos. George Bush le entregó el país con una tasa de desempleo de 10.1% y Obama la deja a Trump en 4.6%. En 2009, el PIB cayó 2.4% respecto del año anterior e, irónicamente, en 2015 creció 2.4% respecto de 2014.

 Tuve el privilegio de estar el cuatro de noviembre de 2008 en el emotivo discurso que dio en un abarrotado Grand Park en Chicago; el seis de noviembre de 2012 estuve en el Millenium Park celebrando la sobrada victoria con la que iniciaría su segundo mandato. Sentí, entonces y ahora, orgullo y esperanza porque el liderazgo de la nación más importante del mundo estaba bajo los hombros de un gran constitucionalista.

La noche de ayer, en el McCormick Center de Chicago, vi despedirse al hombre que le devolvió la esperanza a quienes creemos en la justicia; que peleó por un sistema universal de salud; que no alcanzó a cerrar Guantánamo, pero que la deja con 42 presos; que intentó una reforma migratoria una y mil veces; que dejó su capital político por oponerse a la Asociación del Rifle; que impulsó una política igualitaria en trato y oportunidades para todas y para todos.

De Obama me quedo con sus principios políticos y con su fuerza: hace falta ser un caballero para no rendirse nunca por lo que se cree y se ama de verdad; y eso, mucho me temo, no lo veremos en la próxima administración.

El discurso de cierre de Obama fue el final de una utopía llamada América que nos toca seguir construyendo: cada día y todos los días, como entonces.

valeria.lopez@anahuac.mx
Twitter:
@ValHumanrighter




 
 
 
 
fecha 15 de enero de 2017 00:10
ultima modificacion Ultima modificación: 23:36
autor Por: Valeria López
 
 
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