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Rodolfo Higareda
 
¿Acapulco en el Caribe?

Rodolfo Higareda

 

La distancia entre el puerto de Acapulco y Playa del Carmen es de 1,919 kilómetros por carretera. Es mucho lo que hay que recorrer para llegar del Pacífico al Caribe; aunque existen otras unidades de medida que pudieran acortar las distancias entre estos polos turísticos, particularmente si no se actúa pronto y con decisión en el combate al crimen organizado.

El puerto solía ser el destino turístico por excelencia, no solamente de los mexicanos sino de miles de visitantes extranjeros. Hasta hace apenas 10 años, a la primera provocación los capitalinos nos escapábamos para gozar de la bahía más hermosa del mundo, de su exquisita gastronomía y de su inagotable y variada vida nocturna.

En fines de semana, puentes y vacaciones escolares, la ciudad costeña rebozaba de vida. Había una Acapulco para todos los bolsillos y para todos los gustos. Desde aquel que se aventuraba a pasar la noche en el Camarena, hasta para aquellos que se permitían alojarse en hoteles que se volvieron íconos del gran turismo, como el Princess, las Brisas, el Hyatt, El Cano y el Acapulco Plaza. Los mexicanos cada año organizábamos viajes familiares que incluían ir a ver la puesta de sol en Pie de la Cuesta, pasar el día en Puerto Marqués o impresionar a los niños una tarde cualquiera viendo a los clavadistas en La Quebrada. Pero también existía el Acapulco de noche; en donde los visitantes, casi siempre los jóvenes, podían elegir entre ir al Baby O, el Magic o el News, cargados siempre de la ilusión de encontrar un romance de verano, de una noche o para toda la vida.

Pero la degradación social producto de la ineficiencia y la corrupción, en los tres niveles de gobierno, llevaron al puerto a la situación de absoluta desolación que hoy padece. Balazos, extorsiones y descabezados han hecho de Acapulco no solamente el municipio más violento del país, sino que pelea cada año por ganarle a Honduras como el lugar más sangriento de América Latina. El lamentable resultado está a la vista en la costera Miguel Alemán, con sus hoteles derruidos y sus restaurantes semivacíos. Hoy en día, solamente la zona Diamante se salva, porque quienes tuvieron poder adquisitivo, transformaron el área en una franja amurallada y por lo tanto segura. El resto es pobreza, abandono e inseguridad.

Los acapulqueños viven del turismo; y por ello, ante su desesperación, ante la falta de resultados de los gobiernos, lanzaron la campaña Habla Bien de Aca; tratando inútilmente de que el mercado turístico se hiciera de la vista gorda ante la ola de criminalidad que pareciera haber llegado para quedarse. Obviamente la estrategia publicitaria no ha funcionado, porque el sol que tanto brilla por allá, no se puede tapar con un dedo. La inseguridad impuesta por unos cuantos – los cárteles de la droga- se sufre a diario en detrimento de la mayoría de personas honestas y trabajadoras.

Pero soy un convencido de que se les puede derrotar y de que Acapulco se puede recuperar. Pero costará y mucho, porque cada año que dejamos pasar sin hacer algo efectivo, la lucha se hace más difícil y compleja. Y eso es precisamente lo que debemos evitar que les suceda a Cancún y a Playa del Carmen.

Lo que empezó como un pueblo de pescadores con apenas dos hoteles (El Shangri La y Palapas), un solo restaurante italiano (el Máscaras), y un bar sobre la arena con columpios en la barra (el Blue Parrot), se transformó -en apenas tres décadas- en el destino predilecto de los mexicanos y de los que vienen de fuera a visitar nuestro país. Su mar, junto con toda la exuberante bellaza natural y arqueológica que le rodea, hacen de Playa un lugar excepcional.

Y ni qué decir de Cancún, el principal centro económico de Quinta Roo; y de donde surgió todo el desarrollo de lo que hoy llamamos la Riviera Maya. Es una ciudad pujante y de una gran belleza, en la que residen 600 mil habitantes; y cuya importancia es fundamental para la industria turística nacional. Para muestra están los 21 millones de pasajeros que llegaron al aeropuerto internacional de Cancún el año pasado.

Gracias al trabajo arduo de playenses y cancunenses, hoy en día se ofrecen servicios turísticos de excelencia; con Hoteles que quitan el aliento y restaurantes y centros de entretenimiento de clase mundial. Pero subyacen dos problemas sumamente graves que, de no ser atendidos con seriedad, inteligencia y firmeza, pueden llevar fácilmente a que esos destinos corran una suerte similar a la de Acapulco: Las mafias de la droga que se disputan el territorio y que amenazan la paz social; y la destrucción del medio ambiente, producto de la corrupción y el desorden en la industria hotelera y de la construcción.

Carlos Joaquín ya fue alcalde de Playa antes de convertirse recientemente en el primer gobernador no priísta del estado. Por lo tanto, sabe perfectamente —como lo constata cualquiera turista— que a plena luz del día se ofrecen todo tipo de drogas en la Quinta Avenida; y que por las noches sucede lo mismo en una infinidad de bares y discotecas del lugar. La balacera en el Blue Parrot y los ataques a la Fiscalía de Cancún, puede ser el principio del fin o la voz de alerta para un nuevo comienzo. En sus manos y en las nuestras está el camino que se siga; porque así empezó Acapulco, y nadie quiere que se repitan las tragedias.

Tanto el gobernador como los alcaldes de estos centros turísticos, deben evitar la política del avestruz, pretendiendo esconder debajo del tapete lo que sucede con el falaz argumento de no afectar al turismo. Porque más temprano que tarde los políticos habrán perdido el control y la gobernabilidad; mientras que el resto de los mexicanos habremos perdido mucho más. El gobernador del estado debe hacer un llamado urgente al gobierno federal, para que juntos trabajen a favor de la ciudadanía y combatan con toda la fuerza al crimen organizado.

Cancún y Playa del Carmen son un patrimonio que estamos obligados a preservar, cuidando de su belleza natural, incentivando las fuentes de empleo y fortaleciendo la seguridad de sus habitantes. Más ahora que las amenazas de Trump hacen del turismo una tabla de salvación para la economía nacional.




 
 
 
 
fecha 18 de enero de 2017 01:50
ultima modificacion Ultima modificación: 22:52
autor Por: Rodolfo Higareda
 
 
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