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Miércoles 16 de Agosto | 12:30 pm
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Rodolfo Higareda
 
La Unión Hace la Fuerza

Rodolfo Higareda

 

Los llamados a la unidad nacional que resuenan por todos lados desde que Trump asumió el poder, han sido muy variados y en ocasiones confusos. Destacable sin duda la conferencia de prensa de Carlos Slim; la cual generó gran expectativa dado que por vez primera el magnate hablaría a toda la nación sobre un asunto eminentemente político y en un momento de angustia colectiva.

Las palabras del hombre más rico de México, aunque expuestas de manera muy desordenada, se aprecian mucho. Desde mi perspectiva hizo falta que reapareciera Rubén Aguilar para explicarnos lo que al final nos quiso decir, pero pienso que el mensaje central fue: En virtud del vacío de poder y la ineptitud de la clase gobernante, aquí estoy yo, Carlos Slim, que hablo el mismo idioma de Trump y además ya leí su libro y es mi cuate. Dicho lo anterior creo que también nos quiso tranquilizar diciéndonos algo así como: mexicanos no se preocupen, que yo sí soy un interlocutor válido; además de que les aseguro que a México se le abrirán un montón de oportunidades.

Desafortunadamente, el bien intencionado mensaje del ingeniero no caló hondo en el sentir de la mayoría de los ciudadanos, porque quizás no eran ellos a quienes pretendía dirigirse, sino a un grupo específico de nuestra sociedad (es decir a los políticos, a los empresarios y a esa clase medianamente acomodada e informada que cada día se hace menos). Sin embargo, tuvo el cuidado suficiente para dejar bien claro que él no es ni será un líder político de masas; pero que con su indudable poder, bien puede hacer algo para atemperar el vendaval. Y aunque es alentador saber que un mexicano es capaz de sentarse a cenar y negociar en Mar-a-Lago con el hombre más poderoso del mundo, la angustia no se disipa para quienes no saben si sus sueños e intereses pueden quedar relegados de la charla de sobremesa.

Es por eso por lo que no es del todo comprensible si esa unidad a la que políticos, partidos, organizaciones e individuos nos convocan de manera airada y entusiasta, es para unirnos en torno al gobierno y que este le haga frente a las ocurrencias del Hugo Chávez recargado; o para cerrar filas como ciudadanos con ese mismo objetivo (sin importar lo haga o deje de hacer el gobierno); o para todo lo anterior, o simplemente para sentirnos menos solos y desprotegidos no obstante que a nuestros gobernantes los humillen y pisoteen a punta de telefonazos y tuits.

En cualquier caso, es menester recordar la importancia que reviste la falta de unidad nacional cuando de enfrentar a un extraño enemigo se trate (se llame este “Masiosare” o James K. Polk) No debemos olvidar que por allá de 1845 perdimos Texas por andar peleando entre nosotros; a pesar de que el mismísimo presidente de la república, Antonio López de Santa Anna, se lanzó personalmente al frente de las tropas para defender la soberanía nacional (al igual que lo había hecho antes en repetidas ocasiones). Pero al final la mezquindad política y las luchas intestinas por el poder, provocaron que el ejército mexicano fuera abandonado a su suerte, sin pertrechos suficientes y en una época en donde las distancias y los retos logísticos eran otros. Eso sin restarle importancia al hecho de que el comandante general se quedó dormido y cayó prisionero (quizás ya exhausto por haber sido llamado a gobernar al país en tantas ocasiones); negociando su pellejo a cambio de ceder la mitad del territorio.

Francamente desconozco si después de esa humillante derrota surgió algún grupo notable y valiente de patriotas dispuestos a arriesgar la vida para recuperar Texas; aunque sospecho, ante la falta de evidencias, que cualquier fervor patriótico en ese sentido fue muy tibio. Resultó sin duda más fácil para los escribanos de la historia oficial, pegarle al villano favorito y llorar por siglos a la entrañable tierra perdida.

Precisamente para evitar que la historia se repita, hoy es fundamental que los mexicanos actuemos distinto y que lo hagamos con mucha mayor fortaleza, astucia e inteligencia. Y a pesar de que es doblemente difícil ayudar a aquellos que no entienden que no entienden, no debemos cejar en el empeño. Aportemos ideas y debatámoslas, pongamos a disposición nuestro tiempo, sumemos esfuerzos y hagamos todo lo que esté en nosotros para fortalecer a la nación en este tiempo aciago, en donde es evidente que el mundo en general no está siendo gobernado por los mejores hombres.

Ante esta situación, es importante acudir a la marcha del próximo domingo (más allá de las banderitas y los gritos patrióticos). La convocatoria puede aprovecharse para que sea un despertar de la sociedad; y que a partir de ahí encaremos con determinación los grandes rezagos que minan nuestra calidad de vida y nos vulneran frente al exterior. Esa unión ciudadana bien puede derivar en un gran dialogo nacional a favor de la educación, para replantearnos las políticas de combate a la pobreza y para impulsar la lucha contra la corrupción y la inseguridad. La unidad es para eso, para todo eso.




 
 
 
 
fecha 9 de febrero de 2017 01:13
ultima modificacion Ultima modificación: 22:29
autor Por: Rodolfo Higareda
 
 
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