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Pedro Sánchez Rodríguez Pedro Sánchez Rodríguez
 
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Colaboracionismo nacional

Pedro Sánchez Rodríguez

 

El próximo domingo 12 de febrero se demostrará, en el Paseo de la Reforma, la unidad nacional –irónicamente– con dos marchas distintas. La primera, “Marcha ciudadana por el respeto de México” organizada por Vibra México y otras organizaciones, irá del Auditorio Nacional al Ángel de la Independencia. La segunda, “Marcha Mexicanos Unidos”, organizada por Isabel Miranda de Wallace, su organización Alto al Secuestro y otras ONG, irá del Ángel de la Independencia al centro de la Ciudad de México. Que haya dos marchas tiene una lógica. La primera exige un mejor gobierno, el respeto a los derechos humanos y celebra el orgullo de ser mexicanos. La segunda es una demostración de apoyo nacional al gobierno de Enrique Peña Nieto que enfrenta actualmente las negociaciones bilaterales con los Estados Unidos.

Las dos marchas responden a un sentimiento común: la sensación de humillación en el que ha caído el país por los comentarios y decretos del presidente Donald Trump y la necesidad de mostrar músculo ante éstos. Pero la humillación viene de mucho antes. Ha venido de Estados Unidos, pero creo que mucho más de políticos, funcionarios, delincuentes mexicanos. La respuesta a los últimos ha sido muy distinta a la unidad nacional desbordada en los paseos, bulevares y avenidas del país, exigiendo respeto, echándole porras al gobierno federal. ¿Por qué Televisa no abrió espacios especiales de cuatro horas en sus barras informativas para debatir sobre el asesinato de migrantes en San Fernando en Tamaulipas, los niños de la guardería ABC en Hermosillo y los normalistas de Ayotzinapa en Guerrero? ¿Por qué “el ingeniero” no salió en una atípica conferencia a leer textualmente el libro de Estaban Illiades sobre la triste noche en Ayotzinapa o el de la Casa Blanca de Peña Nieto de Lizárraga, Cabrera, Huerta y Barragán?

No me malentiendan, no es que los retos a los que nos enfrentamos no sean de verdad preocupantes, pero en este país ha habido eventos que requerían que los muchos dejarán de dar la cara a la pared y se volcarán a las calles, se unieran al debate, a las oraciones de los pocos que sufrían y de los pocos que los acompañaron. Es violentamente desconcertante que el vago concepto de Donald Trump sobre nuestro país y su insólita facilidad para aglutinar personas en sus prejuicios sean mejor catalizador de la unidad nacional que los diez años de horrores sin tregua que hemos presenciado. ¿Será que el muro de Trump es menos inventivo que el igualmente burdo muro que divide al México indígena, del México pobre, del México desarrollado? ¿Será que ese muro, el de Trump, es más fácil de comprender, que indigna más como para crear una masa homogénea de mexicanos unidos al grito de respeto al país y de respeto a los derechos humanos?

Alto. Es injusto no reconocer que las asociaciones que organizan estas marchas tienen años luchando por resolver desde sus trincheras distintos problemas del México real, en el que vivimos todos nosotros, todos los días. Es injusto no reconocer que las políticas de Trump generan un sentimiento de temor malsano sobre la “colombianización” o de la “polonización” de México y que tener a Donald Trump en el salón oval de la Casa Blanca firmando órdenes ejecutivas dignas del segundo cuarto del S. XX da una sensación de simetría con el autoritarismo

e incluso con el totalitarismo. Es comprensible querer manifestarse en contra de la repetición de los horrores que leímos en los libros de historia y que hemos visto en muchas películas.

Pero es que nada más no se me quita el mal trago de ver cómo el gobierno de la república organiza, firma y aplaude un pacto por la “economía de la familia” luego del aumento en los precios del combustible, con puros grupos remanentes del autoritarismo priista de los setenta y lo anuncia como un acuerdo nacional. ¡No, no se me quita! El mal trago de ver cómo algunos grupos empresariales fieles al priismo de esas épocas cerraron filas ¡con un presidente con el doce por ciento de apoyo popular! ¡No se me quita el sentimiento! No, de que esa unidad nacional de la que hablan en algunas televisoras, la que conmueve al ingeniero Carlos Slim, la que promociona el presidente del PRI, Enrique Ochoa; aprovecha la coyuntura binacional entre ambos países para levantar al presidente de su letargo y en difuminar la crisis que enfrenta el Revolucionario Institucional por el mal trabajo que han realizado al frente del gobierno federal y de los estados. El PRI colaboró con relanzar la campaña de Trump cuando iba en franca caída. ¿Trump, siendo Trump, les regresará el favor? Y en México, ¿quiénes levantan al PRI? ¿El PRI?

“Pienso en ese ejército de cobardes con gusto por la dictadura

A quienes quizá volverán a ver en el poder, en este país olvidadizo,

Los supervivientes de nuestro tiempo de álgebra condenada”.

René Char, Furor y Misterio, “20” (1948).

@hastaelPeter




 
 
 
 
fecha 10 de febrero de 2017 01:33
ultima modificacion Ultima modificación: 22:31
autor Por: Pedro Sánchez Rodríguez
 
 
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