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Trump, los medios y la dictadura

Leonardo Núñez González

 

El conflicto entre Donald Trump y la prensa de Estados Unidos parecía tener sólo características discursivas o anecdóticas al principio de su presidencia. Que llamara mentirosos a los medios o que peleara por tratar de decir que las personas que atendieron a su toma de protesta fueron más de las que las propias fotografías mostraban, parecía simplemente un desplante del magnate.

Sin embargo, el tono y la tensión se han incrementado hasta el punto en que Trump ha declarado que la prensa está fuera de control y es el “enemigo número uno” de su administración, por lo que ha comenzado una estrategia para hacer a un lado todas y cada una de las críticas que se le han hecho, aun cuando sean basadas en información verídica. Ante cada evidencia que lo contradice, Trump simplemente la ignora y sigue adelante.

Por ejemplo, la semana pasada convocó a la primera conferencia de prensa en la que él solo se hizo cargo del mensaje y de responder preguntas de manera directa a los periodistas durante 77 minutos. Durante su mensaje, uno de los tantos temas que trató fue su victoria electoral. Desde su arribo a la presidencia ha dicho que los más de 3 millones de votos con los que Hillary lo superó en el voto popular son fraudulentos (aun cuando no ha presentado evidencia alguna); en la conferencia volvió a la carga y agregó que los 306 votos del Colegio Electoral que obtuvo “fueron la mayor victoria electoral desde Ronald Reagan”.

Durante las preguntas, un reportero lo cuestionó al respecto y le dijo: “usted dijo que tuvo el margen electoral más grande desde Reagan con 306 votos; de hecho, Obama obtuvo 365”; el presidente lo interrumpió y dijo “bueno, me refería a victorias republicanas”; el reportero continuó: “George W. Bush obtuvo 426. Entonces, ¿por qué los norteamericanos deberían confiar cuando les dice que reciben información falsa si usted mismo provee información que es falsa”. La respuesta de Trump fue tan desconcertante como preocupante: “Bueno, no lo sé. A mí me dieron esa información”.

Atrapado, expuesto y evidenciado, Trump no cambió ni un ápice su discurso.

Si uno revisa sus tuits posteriores, escribió: “Los medios falsos (NYTimes, NBCNews, ABC, CBS y CNN) no son mi enemigo, son los enemigos del pueblo” y “Fue una de las conferencias más efectivas. Aún así, la prensa deshonesta opina diferente. ¡Deshonestos!”.

Esto es simplemente espeluznante. Trump no está dispuesto a modificar su mensaje y, por el contrario, insistirá en desacreditar a la prensa por todos los medios posibles. Como dijera el republicano John McCain, esto es parte del manual básico de acciones de los dictadores.

En este proceso, Trump pretende convertirse en la única fuente de información, incuestionable e infalible, dejando de lado cualquier crítica que pueda venir de los medios. El problema es que esta estrategia puede resultar exitosa. De entrada, a pesar de que son números inusualmente bajos en Estados Unidos, que el presidente tenga 40% de aprobación es extraordinario (recordemos que Peña tiene sólo 12%). Una buena parte de los ciudadanos están dispuesta a renunciar a la crítica y apoyar ciegamente a Trump.

leonugo@yahoo.com.mx
Twitter:
@leonugo




 
 
 
 
fecha 20 de febrero de 2017 03:58
ultima modificacion Ultima modificación: 21:58
autor Por: Leonardo Núñez González
 
 
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