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La sociedad del cansancio

Martín Vivanco

 

Estamos cansados. Si uno ve a su alrededor y presta atención, las máscaras de cientos de personas caen. Podemos ver los surcos en los rostros, las ojeras debajo de los ojos, la mirada vacía, el paso acelerado y los movimiento pendulares de las piernas. No hay día que no pase sin que alguien me diga que “tiene mucha presión”, “está estresado” o “no le da tiempo de nada”. Existe, por supuesto, quien justifica mejor la queja y no dudo de su malestar; pero de otras, muchas personas —incluyéndome— me he llegado a preguntar qué es lo que produce un síntoma tan general, tan común y, a su vez, tan inasible, difícil de visualizar y resolver. ¿Qué hemos hecho para vivir siempre cansados?

Acabo de encontrar algunas respuestas en el libro La sociedad del cansancio, del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han. Es un ensayo corto, asaz profundo, que muestra a los filósofos fuera de su torre de marfil, al tiempo que se preocupan por los temas cotidianos mediante herramientas conceptuales claras y analíticas.

Nuestro cansancio, según Han, deriva de la positividad de nuestro mundo. Estamos sobre estimulados en todos los sentidos. Antes vivíamos en una sociedad disciplinada —para utilizar el término de Foucault— en la que cada quien sabía lo que debía hacer. Dominaba un discurso inmunológico, producto del contacto entre nosotros: se rechazaba a lo otro, a lo extraño, “lo negativo”. Hoy en día esto ha cambiado. La falta de interacción humana y la internalización de la lógica neoliberal ha modificado nuestro paradigma conductual. Ya no hay nada que rechazar, porque ha desaparecido la otredad. Ante esto, la negatividad se ha difuminado y ha sido suplantada por la positividad: hoy domina una lógica del exceso, de tener más, de ser más, de aparentar más. Y lo interesante es que hemos internalizado el discurso neoliberal de tal manera que el discurso de la adición —de la positividad— se instaló en nuestras neuronas.

Así, nuestra sociedad transmutó en un rendimiento. Si antes predominaban las prohibiciones y los deberes —es decir, la sociedad instituía roles que las personas debía cumplir— hoy la carga del devenir cae completamente en el individuo. Antes predominaba una lógica de límites, hoy una en la que todo se puede. No hay imposibles en la sociedad del rendimiento.

Así, la presión que siente el individuo es pasmosa. Si de él depende todo y todo se puede, entonces no puede haber pausas, descansos. Cada quien convierte en emprendedor de sí mismo, y toda iniciativa depende de él. Es interesantísimo como cambia el concepto de alienación marxista: antaño eran las fuerzas externas las que explotaban al individuo, hoy es él quien se explota. El amo se volvió esclavo, diría Hegel, y todavía más: cree que es libre auto-explotándose.

El efecto es más que práctico. Antes, las enfermedades más temibles eran las virales; la gripe, típicamente externa y negativa, es un ente extraño al cuerpo que busca dañarlo. La positividad, en cambio, produce otras enfermedades: la depresión, la fatiga, el trastorno por déficit de atención. Estas enfermedades, a diferencia de las inmunológicas, son de tipo neuronal y no derivan de un agente extraño, sino que se crean dentro de nosotros. Esa violencia neuronal es la patología de nuestros tiempos. Y es fácil ver por qué: el deprimido es aquél que no está a la altura de lo que él se impone para estar al corriente de los demás miembros de la sociedad del rendimiento.

Para aliviar esto, Han propone aprender a mirar. Así de sencillo, pero nada fácil. Mirar implica saber pausar, detenerse, dejar que las cosas se acerquen al ojo y adquieran su justa dimensión. Implica, también, no responder a cada estímulo en todo momento. Y es que el que ha todo responde un Sí, no hace nada, simplemente reacciona. Por eso, como decía Camus, el hombre rebelde es el que dice No. Debemos de aprender a decir No, porque acaso ese sea el acto de soberanía más importante que tenemos a nuestro alcance. Digamos que No y empecemos a mirar y a vivir.




 
 
 
 
fecha 20 de febrero de 2017 03:57
ultima modificacion Ultima modificación: 22:56
autor Por: Martín Vivanco
 
 
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