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El Pujol

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La jefa delegacional en Miguel Hidalgo convocó el 10 de febrero a coordinadores vecinales de Polanco para tratar la solicitud del Pujol de abrir un restaurante en Tenysson 133, entre vecinos, solicitante y el gobierno local.

La invitación no se circunscribió a los otrora llamados presidentes de colonia, sino se hizo extensivo a los vecinos y los abogados que ellos invitaran.

La solicitud fue declinada por diferentes motivos, pocos señalaron su oposición a la emisión de un permiso como causa de su inasistencia. La convocatoria era para que el gobierno delegacional diera cuenta de la solicitud del Pujol y escuchara a las partes involucradas.

La reunión era para dialogar, para allegarse de las razones del solicitante y los opositores, de forma transparente, cercana, previa a la decisión que debía tomarse.

Participar y dialogar son hacer política y también hacer ciudad. Por ello es imperativo estar y no ausentarse. El poder público no es poseedor de verdades absolutas, sino de argumentos probables, sujetos a escrutinio y, reitero, sujetos a prueba.

Tres han sido las objeciones a la autorización delegacional para que el Pujol opere, como restaurante con venta de bebidas alcohólicas, en el lugar indicado al inicio de este artículo. La primera señalaba que se habían podado y derribado árboles en el inmueble. Es falso, no se derribó árbol alguno, y las podas realizadas contaron con el permiso correspondiente.

La segunda, que hubo una obra que requería un registro de manifestación de construcción, lo que antes se denominaba como licencia de construcción. Esto también es falso, no se construyó un metro de más, sólo se cambiaron acabados; no existió una afectación estructural que ameritara un registro ante la autoridad delegacional.

Por cierto, el arquitecto que intervino en esa puesta al día del inmueble es Javier Sánchez hijo, uno de los profesionistas jóvenes más premiados en el extranjero.

Tercero, que el inmueble carece de uso de suelo para operar como restaurante. Falso, acreditó que desde 1981 tiene un uso distinto al habitacional y, desde 1992, regularizaron el uso del suelo. Se cambió el giro, no el uso, porque sus derechos preexistentes son previos al plan parcial de 2014 y al Zedec de 1992.

La legislación de los 70 de la que deviene el derecho para abrir el restaurante prescribía que dentro del uso de servicios se encontraban los giros de oficinas y restaurantes con venta de bebidas alcohólicas.

A Enrique Olvera le amparan la irretroactividad de la ley y el principio pro persona para abrir su restaurante, no el favor de la delegación. La autoridad debe velar, sin titubeos, por el estricto cumplimiento del derecho, y más cuando es por los que hacen brillar en el mundo nuestro México. La autorización se llevará a tribunales, que impere la razón.

La decisión fue resultado de una interpretación armónica y sistemática, esperamos que la oposición no sea producto de la fiebre amarilla.

Twitter: @ObdulioA




 
 
 
 
fecha 6 de marzo de 2017 01:33
ultima modificacion Ultima modificación: 22:30
autor Por: Obdulio Ávila
 
 
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