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Fundamentalistas de la salud

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Algunos excesos son esenciales para disfrutar la vida y aunque tengan una fuerte dosis de irracionalidad, sirven para respirar, romper la rutina, tomarse menos en serio la vida.

Ser incapaz de romper las reglas por poner la apariencia física en la cima de las prioridades, puede llegar a grados de locura.

No puedo recordar otra época en la que tanta gente fuera alérgica al gluten o a los lácteos, que tuviera tanto miedo de la carne roja, de la grasa o del azúcar. Las obsesiones disfrazadas de salud, se vuelven menos ordinarias y hasta plausibles. Perseguir frenéticamente belleza y juventud como el sustento del autoestima es el motor de muchas vidas.

Las tribus que no comen gluten, ni carne, ni nada que no sea orgánico, los crossfiteros, los corredores o triatlonistas compulsivos, hablan y hablan de ser sanos, aumentar su rendimiento, comer balanceadamente y sobre los daños de consumir pollos con hormonas y vacas estresadas.

Todos los que no forman parte de estos grupos, se cansan de este discurso casi religioso. Algunos “practicantes” desprecian y discriminan a los gordos por autodestructivos e indisciplinados, a los que no hacen ejercicio y a los que comen mal. Son como ex alcohólicos redimidos, con la Biblia de la vida saludable bajo el brazo.

Como las obsesiones se lo tragan todo, siempre tienen miedo de engordar. Exhiben sin darse cuenta, tendencias masoquistas al afirmar que sin sufrimiento no hay recompensa, desarrollan fobias diversas y una autoestima basada en verse delgados y atléticos. Van por el mundo predicando la importancia de comer kale, avena, amaranto, jengibre, quinoa y chía.

El problema no es comer una cosa u otra. Ni hacer ejercicio dos, tres o siete veces a la semana. Ni querer estar más musculoso o firme. O intentar correr más rápido o más kilómetros. El problema son los pensamientos obsesivos alrededor de los que se organiza la vida y que pueden derivar en ansiedad.

“Cumplir objetivos” es su forma bonita de llamarle al régimen militar al que se someten. Están convencidos de que la flojera, dormir hasta tarde, perderse de un entrenamiento, es imperdonable.

Pensar que lo más importante es el cuerpo es tan nocivo como negarlo. Los fanáticos de la salud vuelven del amor propio una frivolidad, cuando solo lo entienden como verse bien.

Disfrutar de la comida, del entrenamiento y de la vida en general es la antítesis de perseguirse y de la culpa.

Tener una lista larguísima de prohibiciones solo sirve para alimentar el deseo apremiante y para convertir a los creyentes de la salud en personas intratables, incapaces de hacer excepciones que amenacen su plan perfecto.

Cultivar una vida sana significa mucho más que una buena apariencia, porque la salud es del cuerpo y también de la mente. La lista de las convicciones y de las ideas, siempre debería ser mucho más larga que la de las prohibiciones.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com
Twitter:
@valevillag




 
 
 
 
fecha 14 de abril de 2017 01:57
ultima modificacion Ultima modificación: 13:30
autor Por: Vale Villa
 
 
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