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Atrapados en el tiempo

Rodolfo Higareda

 

Me llama poderosamente la atención escuchar a las voces de la izquierda y percatarme de que el tiempo nunca pasó para ellos. Escucharles pelear todavía con Carlos Salinas es tan inverosímil, como imaginar a un político estadounidense de hoy, seguir debatiendo las ideas de Ronald Reagan.

Los desafíos de nuestra era no forman parte de su agenda, para ellos la lucha del Che Guevara sigue vigente; y hasta a sus hijos nombran en honor al guerrillero argentino. Pero de repente se les presentan problemas existenciales y no saben si, por ejemplo, el libre comercio es bueno o es malo.

Cuando se firmó el TLC, se rasgaron las vestiduras y clamaban por el regreso del nacionalismo revolucionario, para impedir que la “industria nacional” se viera destruida por la competencia. El proteccionismo era para ellos, la base de su teoría económica y comercial.

Pero por otro lado, se dolían terriblemente del bloqueo a Cuba. A ellos sí que había que permitirles el libre comercio de sus productos, elaborados con “manos revolucionarias”.

Así las cosas, siguen atrapados en los años 70, en un mundo bipolar, y en algunas ocasiones su mente se ancló aún más lejos en el tiempo. Por ejemplo, quisieran volver a nacionalizar todo lo que sea posible y echar fuera cualquier vestigio de inversión extranjera. Pero eso sí, no sueltan sus IPhones y computadoras; y disfrutan muchísimo también de Netflix, Facebook y todo tipo de tecnologías y plataformas extranjeras.

Estoy seguro de que si Sigmund Freud viviera se volvería panadero, si a su diván llegaran con todas sus cargas emocionales y contradicciones personajes como López Obrador, Martí Batres, Yeidckol Polevnsky (o como se llame) y amigos que integran esa extraña cofradía.

A propósito de sus resentimientos y de ese mundo en donde sus mentes quedaron varadas, recientemente salieron con la ocurrencia de que de llegar a la presidencia, cancelarían el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Este planteamiento envuelve dos cosas que combinadas son una bomba: resentimiento e ignorancia.

Resentimiento porque ven en los millones de usuarios del transporte aéreo a los ricos: a esa clase social privilegiada que los oprime. Si por ellos fuera, todos deberíamos de viajar en autobús. Quizás en aquella muy lejana niñez, en es pequeño pueblo tropical del sur de México, un niño miraba al cielo y en lugar de añorar superarse para poder viajar un día en avión, e ilusionarse con que otros muchos pudieran también hacerlo, guardó para sí un sentimiento de rencor y envidia.

Y la ignorancia que cargan es de igual forma digna de preocupación científica. Ante la descomunal evidencia técnica que indica que no se pueden resolver los problemas de tráfico aéreo con la adaptación de una aeropuerto militar existente, la escuela de ingeniería aeroespacial y de ciencias económicas de Macuspana, dice todo lo contrario. Eso, además de no tener la menor idea de lo que significa para el desarrollo del país, el tener aeropuertos de primer mundo. Queda claro que se quedaron en el ayer, y que nunca podrán vislumbrar el futuro, lejos de su añorado tercer mundo.

Twitter: @RudyCoen




 
 
 
 
fecha 15 de mayo de 2017 00:31
ultima modificacion Ultima modificación: 20:23
autor Por: Rodolfo Higareda
 
 
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