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Javier Solórzano Zinser Javier Solórzano Zinser
 
Javier Solórzano Zinser
 
Con buenas o malas mediciones…

Javier Solórzano Zinser

 

Que sea impreciso y mal hecho el informe del Instituto Nacional de Estudios de la Gran Bretaña, en el que presenta a México como el segundo país más violento, no es para tranquilizar a nadie.

A pesar de los errores evidentes del estudio está claro que el país es visto con razón en el mundo como un lugar violento, sin importar que esté en el segundo sitio o el que fuere. La realidad, como suele suceder, rebasa por mucho los números y las percepciones.

¿Cómo medir el brutal asesinato, quizá hasta anunciado, de Miriam Rodríguez en San Fernando, Tamaulipas, la noche nada casual del Día de las Madres? Como muchas personas en el país, la fatalidad las condujo a la toma de conciencia. El horror, la violencia y el entorno las llevaron a darse cuenta de su circunstancia.

Miriam perdió a su hija Karen en 2012. Desde ese día su vida cambió. No cejó en su búsqueda hasta que la encontró sin vida en 2015 en una fosa clandestina. Si la vida para Miriam con la desaparición de su hija había cambiado, con su muerte todo tomó otro rumbo. Hizo una búsqueda todo terreno con tal de hallar a los asesinos hasta que lo consiguió, obligando materialmente a las autoridades a meterlos a la cárcel.

Con lo que no contaba Miriam es que uno de los secuestradores y asesinos de su hija, Enrique Rubio Flores, recluido en un penal de Ciudad Victoria desde 2015, se iba a fugar junto con otros 28 reos, en un pasaje más de la corrupción como forma de vida que prevalece en los penales mexicanos.

El asesinato de Mirian estaba lamentablemente cantado. Todos lo sabían. Algunos hacían como que lo sabían y otros como que vigilaban. La propia Miriam alertó a las autoridades e incluso cerró sus negocios a sabiendas de lo que se le venía. Miriam hizo saber una y otra vez sus temores y en particular a partir de la fuga de Rubio.

¿Hay manera de medir un hecho de esta brutal dimensión y muchos más de la misma índole? Mirian supuso que ya había cumplido su cuota de violencia y por ello después de lo vivido se convirtió en una mujer solidaria y defensora de los derechos humanos. Hizo de su experiencia de vida una forma de vida, “no hay manera de que no te cambie la vida después de lo que he vivido”, nos dijo en una entrevista.

En diversas ocasiones en que conversamos nos hizo ver que había pasado de la esperanza de que las autoridades le ayudaran y fueran solidarias a no contar con ellas, “al final no había manera de creer en nada”.

Va de nuevo: ¿cómo medir una situación como ésta? ¿El hecho de que estemos por debajo de otros países en materia de violencia nos hace menos violentos? ¿Cómo medir lo que a lo largo del año ha estado pasando en buena parte del país?

Estamos riesgosamente rebasados y no hay salidas reales de corto plazo porque las estructuras que permiten la violencia siguen intocadas. Tres elementos se han convertido en clave para que vivamos lo que vivimos: la definitiva ausencia del Estado de derecho, empezando por la propia autoridad; la impunidad —dicho de otra manera, el que la hace no la paga— y la abierta desigualdad social.

Esta combinación de hechos fue lo que rodeó la vida de Miriam Rodríguez. Se hizo justicia casi a fuerzas y al final la impunidad trajo su muerte.

Estamos atrapados en un círculo perverso de violencia ante el cual nos hemos ido acostumbrando y acomodando y en una de ésas hasta estamos perdiendo la capacidad de asombro de lo que nos pasa con mediciones o sin ellas.

- RESQUICIOS:

Que el doctor Mireles pueda seguir su juicio en libertad es apenas un asomo de justicia. Quien ahora está en el deporte propuso que las autodefensas se quedaran armadas como parte de un proceso de pacificación. La delincuencia organizada se infiltró y “legalizó” sus armas teniendo en la mira, entre otros objetivos, al doctor. Viene otra batalla para Mireles.

solorzano52mx@yahoo.com.mx
Twitter:
@JavierSolorzano




 
 
 
 
fecha 15 de mayo de 2017 00:31
ultima modificacion Ultima modificación: 23:22
autor Por: Javier Solórzano Zinser
 
 
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