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¿Sorpresas?

Raudel Ávila

 

“¡Los hombres son algunas veces dueños de sus destinos! ¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores!”, recita Casio en el Julio César de Shakespeare.

Los resultados de la elección general británica son una nueva confirmación de que confiar en las encuestas sale muy caro. Mea culpa. Hace dos semanas pronostiqué erróneamente una holgada victoria para el partido conservador de Theresa May, pero se las arregló para dilapidar una ventaja de veinte puntos en un mes.

Los primeros sorprendidos fueron los parlamentarios laboristas, quienes hicieron campaña prometiendo a la gente que si votaba por ellos en lo individual, Corbyn, líder del laborismo, nunca llegaría al poder. Los mercados, también sorprendidos, relajaron su confianza en la libra esterlina, dañando el valor de esa moneda.

La sorpresa mayor fue para May. Ella convocó a una elección con la justificación de fortalecer su mayoría parlamentaria, para negociar con más fuerza el Brexit. Arrogante, segura de su éxito, no asistió al debate de líderes partidistas en la BBC. Los jóvenes aprendieron la lección del Brexit, cuando su limitada afluencia a las urnas condujo al primer paso para salir de Europa. Ahora votaron para negarle la mayoría a May y exigir una ruptura suave con Bruselas. A 8 días del inicio de las negociaciones, May está más débil que nunca.

May declaró que votar por el laborismo era apoyar una “coalición de caos”, pero para mantener el poder, ahora ella tiene que formar gobierno con la extrema derecha irlandesa, antifeminista, homofóbica, nacionalista. Jonathan Powell, negociador de la paz en Irlanda del Norte, advirtió que esta alianza del gobierno británico con un actor irlandés, pone en peligro su posición neutral en los acuerdos de paz.

La noche de las elecciones, Financial Times, BBC y The Guardian ofrecían números contradictorios del conteo. Nadie habló de conspiraciones ni fraudes. En una elección reñida, la incertidumbre sobre los resultados es normal. Ninguno de los partidos se declaró ganador antes del resultado oficial. Al conocer su derrota por un margen pequeño, Corbyn, el líder izquierdista, no anunció impugnaciones, sino que presumió el crecimiento de su partido. En las elecciones del Estado de México, al conocer la derrota de Morena, López Obrador calificó el proceso de farsa y acusó al gobierno en turno de fraude (sí, otra vez) pretextando que la noche de la elección, los números se contradecían. GB es una monarquía constitucional, con demócratas respetuosos de las instituciones. México lleva casi dos siglos de ser una República, pero López Obrador sigue, como diría Roger Bartra, arrojando fango sobre la democracia. Chesterton escribió que Inglaterra nunca tuvo tan pocos demócratas como cuando fue una República.

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fecha 12 de junio de 2017 00:34
ultima modificacion Ultima modificación: 22:41
autor Por: Raudel Ávila
 
 
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