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Carisma y reforma

Raudel Ávila

 

Andrew Adonis fue el Ministro de Escuelas durante el gobierno de Tony Blair en el Reino Unido. Obtuvo reconocimiento por una reforma educativa que le permitió poner en marcha el sistema de “academias” para enseñanza secundaria. Adonis escribió un libro: Education, education, education. Dice que lo más difícil no es cambiar la ley, basta con corromper parlamentarios. Lo complicado es la ejecución. Y concluye: “para que una reforma se implante razonablemente requiere tres ingredientes: persuasión, dinero y sobre todo, carisma”.

En estos días, la prensa internacional se llenó de comentarios positivos en torno a Emmanuel Macron, Presidente de Francia. Después de que su partido alcanzó la mayoría en las elecciones legislativas del domingo, los más prestigiados medios internacionales festejaron su victoria como si fuera una epifanía mundial que presagia grandes reformas. “Media Darling” les llama la prensa a quienes pone en las nubes. Vicente Fox, Lula, Bachelet, Mauricio Macri. Todos idolatrados en la prensa internacional durante un período, para luego ser denostados por corrupción o incompetencia.

Cada cierto tiempo, la prensa necesita fabricar ídolos para el público internacional. Los pintan como estadistas que transformarán sus países, aunque nunca hayan hecho nada, excepto ganar elecciones. Posteriormente, esa misma prensa se dice indignada y sorprendida cuando descubre que eran políticos mediocres. No obstante, la sobreventa de expectativas, hasta niveles imposibles, es responsabilidad de los medios. Nunca la asumen ni piden disculpas.

Hace unos años, alguien me decía “vendrá a México Enríquez-Ominami, vamos a verlo, la prensa internacional le llama el Obama chileno”. Nunca volví a oír del Obama chileno. Hoy la prensa celebra patéticamente todo lo relacionado con Macron, como si su misma existencia fuera una victoria.

Festejan incluso, no es broma, la edad de su esposa. Aunque Macron tenga mayoría legislativa, como dice Andrew Adonis, cambiar la ley no es reformar. La semana pasada murió Helmut Kohl, excanciller alemán. Der Spiegel publicó un fascinante obituario del personaje. Provinciano, anti-fotogénico, altísimo, poco elegante y tosco. Celoso de su vida privada, jamás exhibió vulgarmente a su esposa en público. Además, se la pasaba enfermo. Detestado por la prensa internacional, pero cultísimo polemista y orador, doctor en historia con visión de Estado. Nunca le dedicaron portadas extranjeras. Enfermo, pero siempre leyendo en la cama, se enteró de la posibilidad de reunificar las dos Alemanias. Ahí llamó a su esposa y le dictó los diez puntos para la reunificación. Sin convocar conferencias de prensa ni circos de sociedad civil y expertos, volvió a unir a la nación más industrializada de Europa y creó el euro. Hoy el mundo entero le rinde homenaje por reformar el sistema internacional. El carisma del estadista no reside en el atractivo físico.

espaciolarazon3@gmail.com
Twitter:
@avila_raudel




 
 
 
 
fecha 23 de junio de 2017 01:51
ultima modificacion Ultima modificación: 22:01
autor Por: Raudel Ávila
 
 
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