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Raudel Ávila
 
Rusia

Raudel Ávila

 

“El prisionero del Cáucaso” es un poema narrativo de Pushkin, en el que los habitantes de una pequeña aldea circasiana capturan un feroz soldado ruso. El prisionero es sometido y maniatado. No tiene forma de escapar, está completamente derrotado a menos que lo ayuden desde adentro. Una mujer de la aldea se enamora de él y le facilita los medios para fugarse.

La Rusia actual me recuerda al prisionero del Cáucaso. Era una potencia derrotada hasta que Barack Obama, desde Estados Unidos, el país que venció a los rusos, les concedió poder nuevamente al dar marcha atrás en su amenaza de la línea roja en Siria, agravando las cosas con su indecisión frente a Crimea. Para colmo, el orden mundial se desmorona todos los días con los incesantes ataques de Donald Trump a la OTAN, una desconcertante retirada voluntaria del liderazgo internacional estadounidense.

En marzo de este año, un think-tank presentó ante el Congreso de Estados Unidos, las simulaciones de veinte escenarios en donde Rusia invade los estados bálticos. En todas ellas, es imposible para la OTAN defender a Estonia y Latvia durante más de sesenta horas. No es que Rusia sea más poderosa militarmente que la OTAN, simplemente que los países occidentales, desde la llegada al poder de Trump, ya no comparten los mismos propósitos geopolíticos.

Desde la candidatura presidencial de Donald Trump, hasta las elecciones en Francia donde apoyó al Frente Nacional de Le Pen, Rusia vuelve como un actor global con la capacidad de influir sobre los asuntos internos de otros países. Holanda, Hungría y Grecia sintieron también la injerencia rusa para apoyar ciertos candidatos. Los servicios de inteligencia alemanes ya han denunciado la intervención rusa en las elecciones alemanas de este año. Mediante la difusión de noticias falsas o con la inducción de ataques en redes sociales contra ciertas candidaturas, Rusia apoya plataformas antisistema en el mundo.

El mes pasado murió Zbigniew Brzezinski, exconsejero de seguridad nacional estadounidense y autor de importantes libros sobre geopolítica. La prensa mexicana no le dedicó una sola nota. Lo conocí en una conferencia en Londres hace muchos años. Se expresaba con la poderosa autoridad moral de aquel cuya familia ha sido víctima de la historia. Polaco-americano, encontró protección del totalitarismo nazi y el soviético en Estados Unidos. Enriqueció la vida intelectual estadounidense y fortaleció su política exterior con la mirada foránea, como Kissinger o Morgenthau. Brzezinski estaba preocupado por el crecimiento del poder y la influencia rusa en Occidente. Aunque la Unión Soviética ya no existía, el autoritarismo ruso podía dañar los valores de la democracia liberal en el mundo. Cuando lo escuché, me pareció que, nostálgico de la guerra fría, Brzezinski exageraba. Ahora me doy cuenta que el equivocado era yo.

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fecha 30 de junio de 2017 00:33
ultima modificacion Ultima modificación: 21:47
autor Por: Raudel Ávila
 
 
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