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La multipolaridad del G-20

Leonardo Núñez González

 

Al finalizar la Guerra Fría surgió una suerte de consenso alrededor de la idea de que una sola forma de ver al mundo, apalancada en el liberalismo, había sido la triunfadora en la competencia global de las ideas y de la realidad.

En el mundo de las ideas es clásico recordar que el politólogo Francis Fukuyama elaboró la idea de que habíamos llegado al “fin de la historia”, en el sentido de que ya no había más ideas rivales una vez que el comunismo había colapsado.

En el plano de las relaciones internacionales, esta idea se plasmó en la concepción de que habíamos transitado a una estructura de poder unipolar, en la que Estados Unidos se había convertido en el polo alrededor del cual se construirían los equilibrios globales. Sin un conflicto ideológico entre las naciones más poderosas y sin una rivalidad en términos de poder desaparecida la Unión Soviética, ésta parecía una teorización posible.

Sin embargo, el tiempo ha llevado a que esta idea saliera por la ventana. La hegemonía norteamericana duró relativamente poco y la aparente unidad ideológica ha comenzado a resquebrajarse, dando pie a lo que se denomina como multipolaridad, una situación en la que más de dos países tienen una influencia militar, cultural o económica similar, por lo que no hay un solo punto alrededor del cual se determinen los diferentes equilibrios internacionales.

El mejor ejemplo de ello lo vimos la semana pasada, en la última reunión del Grupo de los 20 países más ricos (G-20), llevada a cabo en Hamburgo, Alemania. Uno de los objetivos principales de estas reuniones es definir la agenda prioritaria con los temas y opciones que la mayoría de los países impulsará hacia delante, por lo que el resultado más esperado es el comunicado final firmado por todas las naciones. En esta ocasión se logró un documento conjunto; sin embargo, en su redacción hubo enconadas batallas que se reflejaron en la necesidad de aislar a Estados Unidos en algunos de los compromisos adquiridos.

Por ejemplo, mientras se afirma que 19 miembros del grupo consideran irreversibles los compromisos del “Acuerdo de París” para disminuir la emisión de contaminantes para combatir el cambio climático, hubo un gran debate que terminó con la inclusión de la siguiente frase: “Estados Unidos se esforzará por trabajar estrechamente con otros países para ayudarles a acceder y utilizar combustibles fósiles más limpios”. En el mismo sentido, la declaración conjunta apuesta por una serie de mecanismos y compromisos para oponerse al proteccionismo comercial, pero con una aceptación del uso de “instrumentos legítimos de defensa comercial”. Este punto fue exclusivamente incluido por la presión de Estados Unidos.

Durante muchos años pareció haber un consenso sobre la agenda y medidas que deberían tomarse en muchos temas globales, con un debate alrededor del grado y no del fondo; sin embargo, la administración de Trump no sólo está poniendo de cabeza la política de su país y de la región, sino la de todo el mundo. En un mundo multipolar, nuevos equilibrios se formarán y el debate alrededor de temas que se daban por sentados volverá a abrirse.

leonugo@yahoo.com.mx
Twitter:
@leonugo




 
 
 
 
fecha 10 de julio de 2017 00:22
ultima modificacion Ultima modificación: 22:16
autor Por: Leonardo Núñez González
 
 
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