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Las protestas del G-20

Raudel Ávila

 

Hans Magnus Enzensberger es uno de los escritores alemanes más importantes de nuestro tiempo. Hace unos años publicó un divertido libro autobiográfico, Tumulto, en el que revisa con humor su militancia izquierdista en la década de 1960.

Ahí registra sus encuentros con Nikita Jruschov y Fidel Castro. También su paso por las protestas del 68 berlinés, los encuentros internacionales de escritores y toda la mitología progresista de aquella generación.

Enzensberger se burla de las desmesuras ideológicas en las que incurrieron los intelectuales más famosos de aquella época, y determina que eran unos vagos promiscuos y drogadictos, incluido él mismo. Los jóvenes que protestaron en el 68 berlinés se oponían al status quo, pero al paso de los años, terminaron cooptados por el sistema.

Las violentas manifestaciones que organizó la extrema izquierda alemana contra la cumbre del G20 recuerdan algunos pasajes de Tumulto. Según Der Spiegel, estamos hablando de una juventud manifestante que compra seis pares de zapatos nuevos al año, sin importarle el daño ambiental que producen o si fueron fabricados por niños explotados. Numerosos ciudadanos de Hamburgo exigen furiosos una indemnización al gobierno de Ángela Merkel, pues las protestas de los globalifóbicos destruyeron ventanas y puertas, y dejaron excremento y grafiti en la ciudad. Hubo enfrentamientos con la policía, en los cuales afortunadamente no hubo muertos pero sí varios lesionados. Melania Trump duró varias horas sin salir de su hotel por los bloqueos de los manifestantes y la amenaza de violencia contra ella.

Al final, la pregunta se impone ¿Qué ganaron los manifestantes? Puro sensacionalismo mediático. El tumulto y la revolución fueron en vano, concluyó Enzensberger. Había y hay sobradas razones para protestar en esa cumbre. La inclinación autoritaria de varios de los políticos participantes, el ritmo de consumo frenético y el daño ambiental que siguen generando las economías más avanzadas del planeta, o el insultante trato fiscal que reciben las grandes empresas transnacionales. Como dijo Jeffrey Sachs “el futuro de la humanidad es demasiado importante para dejarlo en manos de 20 personas.” Todo eso es cierto.

Son métodos de protesta idénticos a los del 68. Los resultados también serán idénticos: nada. Con la diferencia sustancial de que en 1968 se discutía el funcionamiento de las universidades, ahora debatimos la sobrevivencia del planeta al cambio climático. Esos muchachos tienen razón en su indignación, pero no en los medios con que la expresan. En la misma década de 1960, Bertrand Russell encabezó una protesta internacional contra las armas nucleares. Organizó a miles de personas para sentarse en silencio durante horas en la plaza Trafalgar. Escribió cartas a Kennedy y Jruschov. Ambos estadistas le respondieron públicamente e iniciaron conversaciones para la disminución de sus arsenales nucleares. La política demanda estrategias inteligentes, no exabruptos infantiles.

espaciolarazon3@gmail.com
Twitter:
@avila_raudel




 
 
 
 
fecha 14 de julio de 2017 00:38
ultima modificacion Ultima modificación: 21:23
autor Por: Raudel Ávila
 
 
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