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Jueves 17 de Agosto | 10:33 am
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Leonardo Núñez González Leonardo Núñez González
 
Leonardo Núñez González
 
La Revolución Francesa en Venezuela

Leonardo Núñez González

 

El Comité de Salvación Pública fue una de las instituciones más infames de la Revolución Francesa. Con Maximilien Robespierre como uno de sus miembros más notables, este comité dirigió la política francesa entre 1793 y 1794 y se arrogó de muchas de las facultades de la Asamblea Nacional, dando pie a la época del terror y a los tristemente célebres episodios de decapitaciones masivas con la guillotina.

En los pocos meses que esta institución tuvo las riendas del gobierno, se ejecutó a alrededor de 17 mil ciudadanos y, extraoficialmente, las víctimas sumaron alrededor de 40 mil personas.

Muchas son las causas y las explicaciones detrás de este frenesí desbocado de violencia bajo la justificación de la crisis y necesidad de imponer el nuevo orden revolucionario, pero una de las más interesantes es que, incluso en los momentos de mayor turbulencia, la acción dictatorial y la represión sin límites se ejercieron desde una aparente legitimidad institucional en la que el Comité actuaba en el mejor interés de la patria. A la distancia de los siglos, es claro que la ejecución arbitraria de todos los opositores se hizo con muchas intenciones, menos el bien común.

En la actualidad hay versiones contemporáneas del Comité de Salvación Pública, que si bien no guillotina a quien se le pone enfrente, sí mantiene ciertos paralelismos con su antecesor francés. En este caso, el episodio más reciente es la recién instalada Asamblea Constituyente venezolana.

Después de una elección fraudulenta y desconocida al menos por 40 naciones democráticas, Nicolás Maduro nombró a los constituyentes que se impondrán como el máximo poder y que, de un plumazo, han echado a la calle a la Asamblea Nacional que había sido electa en 2015 y en la que el oficialismo no tenía mayoría.

El sábado pasado los constituyentes realizaron su primera sesión y, más allá de la parafernalia alrededor de traer de vuelta al recinto de la Asamblea los sendos retratos de Chávez y de Bolívar (del cual ya he escrito que es un misterio cómo no se ha resquebrajado como sustento ideológico del chavismo), las decisiones que tomaron dan cuenta del futuro inmediato de esta institución. Lo primero que decidieron es que extenderían su mandato por dos años. Dado que las elecciones presidenciales deberían llevarse a cabo en diciembre de 2018, esto significa que incluso si el siguiente presidente no fuera Maduro o alguno de sus allegados la Asamblea Constituyente estaría ahí, con poder casi infinito y, además, su extensión de mandato se definió “siempre y cuando se hayan cumplido las tareas encomendadas, las funciones para las cuales fue nombrada”. Igualmente, la Asamblea ha destituido a la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, quien fuera la más notable funcionaria pública que condenaba las violaciones del orden constitucional detrás del autogolpe de Maduro. El siguiente paso fue instalar la “Comisión de la Verdad, Justicia, reparación a las Víctimas y Paz”, que investigará la violencia opositora y la castigará. Tal vez esta comisión no se llame de “Salvación Pública”, pero intentará emularla y alimentar la vorágine de violencia sin control ni límites.

leonugo@yahoo.com.mx
Twitter:
@leonugo




 
 
 
 
fecha 7 de agosto de 2017 00:55
ultima modificacion Ultima modificación: 22:57
autor Por: Leonardo Núñez González
 
 
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