Foto Especial
Una mañana gris de noviembre del año pasado, como de costumbre Stacy Knutson despidió al cliente del restorán con una sonrisa y se llevó la nota con el dinero para pagar la cuenta, pero cuando regresó a la mesa con el cambio ya no había nadie. Sólo una caja de comida para llevar sobre la mesa, que además era una caja con el logotipo y la leyenda de otro restaurante. Stacy tomó la caja y salió apresuradamente tras su dueña, una joven que ya había abordado su camioneta en el estacionamiento del Fryn´Pan. El local es una franquicia donde cualquiera puede ordenar una montaña de huevos revueltos con salchicha y tocino, ese desayuno emblemático de todos los pueblitos típicos y uniformes de Estados Unidos.
Cuando Stacy alcanzó a la joven, ya con la camioneta en marcha, ésta le dijo que había dejado ahí la caja a propósito, y que no tenía ninguna intención de llevársela. Stacy la miró con extrañeza, se encogió de hombros y regresó al restorán. Ahí adentro, en presencia de la administradora, abrió la caja. Tenía 120 mil dólares, todos en billetes con la imagen bonachona de Benjamín Franklin, perfectamente acomodados.
La primera reacción de Stacy fue hablarle a la policía. Y eso fue lo que hizo. La policía confiscó el dinero. Luego, sus compañeras del restorán y otros amigos convencieron a Stacy de que el dinero era una propina, y que debía contratar a un abogado para recuperarlo. Mientras tanto la policía investigó a todas las meseras, les preguntó si habían percibido olor a mariguana adentro de la caja. Todas lo negaron. Cediendo a las presiones de sus compañeras y amigos, Stacy se asesoró con un abogado y recuperó el dinero. Como es una mujer muy religiosa, pensó que Dios se lo había mandado, porque era justamente lo que necesitaba para mantener y pagar la escuela de sus 5 hijos.
Al ser entrevistada por la CBS de Minnesota, Stacy dijo que había visto 4 o 5 veces a la joven en el restorán, pero que no la conocía, y no sabía si vivía en los alrededores o en alguna otra ciudad. Lo único que sabía es que los ángeles existen.
En una nación que se ha distinguido por la ferocidad de sus guerras imperialistas y su canibalismo interno, donde en cualquier momento un ciudadano anónimo es capaz de ingresar a una escuela, un gimnasio, un parque o un McDonald´s y disparar inopinadamente contra la población inerme, llama la atención lo sucedido en ese pueblito llamado Moorhead, al oeste del estado de Minnesota, cerca de la frontera con Canadá.
Moorhead tiene una población muy pequeña, apenas 38 mil habitantes, y durante muchos años la política de sus gobernantes fue la de limpiar su borrascosa imagen, porque en la segunda mitad del siglo XIX era un villorrio salpicado de bares de mala fama y legiones de prostitutas.
Para ello, la población se involucró en tareas comunitarias, y ese ímpetu cristalizó en una comunidad modelo. Con el tiempo, se formó en un voluntariado muy amplio que ayuda a la policía en labores de vigilancia, y que ha logrado reducir los índices de criminalidad a los niveles más bajos de Estados Unidos. En 2010 se registraron 2 homicidios, 135 asaltos y 26 robos de autos.
La propina de los 120 mil dólares, según colige el abogado de Stacy, es una cooperación de la comunidad porque se sabe que Stacy y su esposo están asfixiados en deudas, y representa la cantidad exacta para salir del naufragio. Stacy lo explica, de acuerdo a sus creencias, como una intervención divina.
Y Dios existe, claro. Habita en el corazón de sus vecinos.