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Montserrat Salomón

Argentina navega sin rumbo

POLITICAL TRIAGE

Montserrat Salomón
*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Por:

Han terminado las elecciones primarias en Argentina con un resultado espectacular: Javier Milei, un ultralibertario con aires autoritarios, ha ganado la elección dejando perpleja a la derecha tradicional y al oficialismo peronista. Con poco más de 30% de la votación, Milei ha tomado por sorpresa a la oposición y se ha adueñado del juego de cara a las elecciones por la presidencia el próximo 22 de octubre.

La derecha tradicional no sale de su asombro ya que nunca consideraron a Milei más que un espectáculo pintoresco. Un grave error que deja al país en una situación sin precedentes.

La victoria del bloque opositor no es una sorpresa. El actual gobierno ha fracasado rotundamente en paliar la crisis económica que ha llevado a la inflación a cerca de 150%. La pobreza ya no sólo es cosa de desempleados cuando millones de personas no llegan a fin de mes. El presidente Fernández y su segunda al mando, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, abandonaron el bote de su candidato, Sergio Massa, dando la elección por perdida. Fue en la derecha en donde se hicieron mal los cálculos y la coalición encabezada por Bullrich se vio sorprendida por las bravuconadas de Milei, que conectaron con el descontento y el dolor del electorado.

La historia se repite y aun así sorprende. Milei apareció como un candidato fuera del sistema que despotricó contra todo y contra todos. Profirió insultos y frases grandilocuentes. Propuso un capitalismo anárquico que eliminaría el Estado, que correría a todos los políticos tradicionales y que acabaría con la pobreza con mano dura contra el robo y la corrupción. Adiós a la política tradicional, libre mercado y dolarización de la economía. Muchos seguramente no entendieron que pretende terminar con los programas de justicia social y dejar al mercado libre, incluso en temas controvertidos como la venta de órganos humanos. Pero su violento discurso dio en el blanco y atrajo hacia sí a los que, cansados de tener miedo ante la incertidumbre, han pasado a mostrar sus puños llenos de ira ante una clase política parasitaria y nepotista que se pasea entre lujos, mientras la única sonrisa que se encuentra en las calles se la deben los argentinos al futbol.

Si bien la clase política argentina merece desaparecer, el caos que traería consigo Milei es un arma de dos filos. Cuando se estima que la pobreza en Argentina supere 40% de la población al finalizar el año, no se puede sin más desaparecer al Estado y dejar al libre mercado el destino de la nación. El hambre y la desesperación no son buenas cartas para jugarlas en el mercado; sueles terminar con una mano perdedora y los abusos de la clase dominante quedarían justificados. El Estado es necesario, Milei es un peligro.