Nostalgia de Parker

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Foto: larazondemexico

Océano permite la publicación de un fragmento de Nostalgia de Charlie Parker (Global Rhythm Press, 2009), de Robert George Reisner. Regocijo para los melómanos amantes del jazz. Dibujo melancólico y certero del mítico Bird. Un coro de amigos hace el retrato del sax alto fundador del Bebop. Miles Davis, Mingus, Gillespie, Tristano, Art Blakey, Max Roach, Dorham, Tony Scott, Sonny Stitt… “Armstrong y Parker, ésa es la historia del jazz” (M. Davis). “Fue el más grande” (Mingus). Compilación de Reisner que se convierte en documento de obligada consulta. “Lo oí tocar: mazazo entre los ojos” (Coltrane).

RECUERDO A BIRD

Conocí a Charlie Parker una noche lluviosa de 1953. Había asistido a una fiesta en el East Side de Nueva York. A eso de las doce y media de la noche vi a un tipo corpulento y solitario que deambulaba pesadamente, sin rumbo.

Lo reconocí al instante. No alcanzaba a salir de mi asombro ni podía tampoco contener la emoción, al tiempo que me preguntaba qué demonios hacía caminando solo, bajo aquel aguacero y en un barrio pobre judío.

—Tú eres Charlie Parker —le dije—, Soy Bob Reisner. ¿Qué haces a solas por aquí? —La calle parecía desierta, no había nadie más.

De sus oscuros labios brotó una amable y gran sonrisa. Respondió:

—Mi mujer va a dar a luz, y estoy dando un paseo para intentar tranquilizarme antes de volver a llamar.

Me sumé a la ronda y recuerdo que le pregunté dónde vivía, y me contestó: «En el barrio». Estábamos en la avenida B. Se dio cuenta de que me preguntaba por qué alguien tan famoso como él vivía en una zona tan pobre y apartada.

—Me gusta la gente de esa zona —dijo—. No te dan lata.

Al cabo de un rato, regresé con él a la fiesta de la que me había marchado, y todo el mundo se quedó de piedra y maravillado con mi hallazgo. Tal era mi entusiasmo por haberme topado con mi héroe que sentí que debía dejarlo ahí e irme a casa. Aquello era el no va más. Me levanté, dispuesto a largarme.

Mi amigo Lex, el anfitrión, estaba atónito.

—Es un viejo amigo— presumí—, tropecé con él al marcharme.

—¿A dónde te marchas ahora, Bob? —preguntó Lex.

Le dije que iba a salir un momento y que poco después regresaría con Louis Armstrong.

Año y medio más tarde, iba a cruzarme de nuevo con Bird en circunstancias muy distintas. Había empezado una nueva carrera. A la sazón, era historiador de arte, vivía en Greenwich Village y daba clases en la New School for Social Research. Además de todo eso, sin embargo, colaboraba con el Institute of Jazz Studies; mi círculo de amistades en el Village compartía mi interés por el jazz, sobro todo por el moderno, el cool, el progresivo o cualquiera que fuera el calificativo que se le diera a ese nuevo sonido.

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